Matemática de la gramática

Matemática de la gramática

Creo que cuando yo entré a estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de México, no existía la educación a distancia, ni lo que se llamaba, hasta hace poco, la educación abierta. Para mi fortuna, entré, sin grandes dificultades, a vivir en la Facultad de Ciencias Políticas, de siete de la mañana a dos de la tarde. Y a divertirme, como en la feria, nueve horas diarias.

Antes no era tan difícil el examen de admisión. Porque éramos menos los aspirantes y por lo mismo menos los rechazados. Creo que, para mí, recién llegada de provincia, lo más difícil fue encontrar a tiempo el sitio en que sería el examen. Era una desconocedora, casi absoluta, del modo en que funcionaban las líneas de autobuses y las del Metro. Llegué justo antes de que cerraran las puertas y pasé medio examen con taquicardia. No sé cómo habré hecho con las matemáticas porque me costaban un trabajo espantoso y había terminado la prepa dos años antes. Así que las famosas fórmulas se me habían olvidado por completo. Luego supe que la creación es íntima amiga de las matemáticas, pero como eso no me explicaron antes, yo me pasé seis años tratando de memorizar las operaciones. De verdad no sé cómo libré esa materia. El hecho es que entré a la universidad a pasar una parte fantástica de mi vida.

Todo aprendí ahí. Desde que la virginidad es un problema que se puede resolver sin matrimonio previo, hasta que lo mío era escribir, no hacer televisión. A los veinte años, casi todo está por aprenderse.

Dos meses después de llegar a la facultad, tuve que aprender a aceptar la muerte de mi papá. Pero esa asignatura, a la que llamaremos “Orfandad I”, la cursé, a solas, durante tanto tiempo que apenas acabo de pasarla hace dos años, cuando murió mi mamá y tuve que enfrentar el siguiente curso, aún no terminado, al que llamo “Orfandad II”. En ese curso hay un tema de largo título: “Honores a una dama que empezó la Preparatoria Abierta a los sesenta y un años”.

Punto: Cuento todo esto por si todavía siguen aquí los muchachos que están preparándose para la educación a distancia. Y segura de que aquí andan los escuchas de siempre, con los que cuento como parte de su curso “Expiación III”.

Punto y seguido: Jóvenes, les recuerdo que el adverbio “hasta” no se escribe como el “asta bandera”. Y que los verbos terminados en “cer”, como “reconocer” y “compadecer”, pasan con Z a la primera persona del presente. Se escribe “reconozco”, “compadezco”. Eso no se los preguntaran en el examen, pero es importante saberlo.

Punto final: Gran concurso. ¡Felicidades!

Angeles Mastretta/elpais.es

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