Pienso luego existo…estupidamente

Pienso luego existo...estupidamente
Michele Julie Ansermet Papadopoulos
Descubro aliviado que hay bastantes mas ensayistas, estudiosos y defensores de las teorías de la estupidez de lo que pensaba y que sus escritos por fin han dejado de estar en las estanterías dedicadas a los libros humorísticos.
Además, veo algo sorprendido, que no sólo describen el fenómeno sino que centran sus esfuerzos en elaborar teorías y métodos que nos ayuden a controlar ese coeficiente de estupidez que viene de regalo junto con nuestra inteligencia. ¡Bingo!
Llevo tiempo dándole vueltas a primera ley contra la propia estupidez (es importante insistir en que no se puede hacer nada con la ajena excepto “tragarla en pequeñas dosis homeopáticas”), atascado en aclarar el concepto “pensar”; pensar de forma que el resultado final sea que todos ganan y nadie pierde. Utilizar las capacidades intelectuales para sumar y no para restar.
El éxito de la inteligencia es saber dirigir “bien” nuestro comportamiento y para ello es imprescindible ajustarse a la realidad. La realidad es subjetiva. Esta es la primera dificultad.
Incluso haciendo esfuerzos para situarnos en el lugar del otro u otros, nuestra capacidad de observación e interpretación de los hechos está llena de sesgos, de sesgos cognitivos; algunos de los cuales son verdaderos fracasos cognitivos. Segunda dificultad y sigo.
En determinados momentos vitales hasta la inteligencia más dotada tiende a volverse subversiva. Piense en algo que haya hecho o dicho y que sea una estupidez, una verdadera estupidez. La parte racional de su mente le decía “No lo hagas!”, pero usted lo hizo de todos modos. Su desastroso impulso ha adquirido el suficiente poder como para superar sus funciones lógicas. Las emociones son principal causa del fracaso de nuestra inteligencia, nos vuelven irracionales cuando se adueñan no sólo del corazón, sino de toda la mente humana. Tercera dificultad para pensar en el sentido correcto.
Uno de los aspectos más importantes que nos impide “pararnos a pensar”tiene que ver con el concepto “beneficio”.  Aplicar inteligencia significa obtener beneficios para todos. Muchos humanos obtienen importantes beneficios por vivir y relacionarse como lo hacen. Si la inteligencia bien empleada es la que aporta beneficio, pueden considerarse seres inteligentes. Pues no. Los costes-beneficios no se miden en un solo sentido, en el propio. Por definición, la estupidez no solo no genera beneficio alguno a nadie sino que causa perjuicios a todos por doquier. Obtener beneficios causando  un alto coste familiar, de pareja o comunitario y generar daño, quebraderos de cabeza, problemas y demás males de andar por casa, no es precisamente un modo de actuar inteligente. Cuarta dificultad.
Esto último enlaza con el significado de las palabras. Vivimos con y entre palabras, somos palabras, nuestros pensamientos y emociones son palabras. Nos comunicamos con palabras. Tengo la desagradable sensación de que en muchas, muchas ocasiones, las palabras se convierten en el arma de destrucción doméstica y masiva. Vamos por la quinta.
Capacidad de observación, manejo de sesgos cognitivos, control emocional, utilización correcta del lenguaje, comunicación adecuada… No me extraña que la estupidez reine en los cerebros y comportamientos humanos. No me extraña que hace tiempo me retirara del mundanal ruido instalándome placidamente en mi voluntario aislamiento social. Sigo en ello.

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