Falsas promesas

Falsas promesas
Todos apretujados en aquel enorme congelador y sin parar de llorar. Quién lo hubiese imaginado unos minutos antes, cuando nos dirigíamos veloces hacia ese lugar lleno de arroyos, saltos de agua, lagos cristalinos, sin escuelas, sin exámenes, sin tener que trabajar, que nos prometieron a cambio de un voto, un simple voto en las urnas. Fuimos alegremente en cardumen, sin atender los consejos de mi abuelo, un atún enorme y cabal. Él siempre me había aconsejado: “cuidado con las palabras, a veces encierran trampas”. Ahora es tarde. Picamos el anzuelo.
Beatriz Alonso Aranzábal/http://cartas-sin-sellos.blogspot.com

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