El asesino Satie

A muchos Erik Satie les produce placidez, tranquilidad, una mullida sensación de recogimiento. A mí, nada de eso. Incluso en sus piezas más deliciosamente delicadas, como esta desarmante ‘Gnossienne 5′, hay algo que me inquieta, una extraña tensión que me hace escuchar con precaución, tratando de desentrañar algo que está pasando y que por un motivo u otro Satie no nos enseña. Como si esta melodiosa y evocadora piecita de piano la estuviera tocando alguien que acaba de cometer un asesinato y se sentara al instrumento con el cadáver todavía desangrándose, a sólo unos metros, en el suelo.

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