Gordos y malnutridos

Gordos y malnutridos
pintura de Botero

No acabo de acostumbrarme a la normalidad de tanta gente gorda, inusitadamente gorda, caminando en las calles de México, comprando en las tiendas, cruzando por las escenas casuales que toma la televisión en playas, parques, pueblos.

Algo grave ha sucedido con la dieta mexicana, algo que imagino compuesto de lo peor de la dieta tradicional de México, probablemente la fritanga, y lo peor de la dieta que baja del norte, bajo todas las formas irresistibles de la comida chatarra, empezando por los refrescos terminando por las hamburguesas y las papas fritas.

Niños gordos, niñas bamboleantes, jóvenes que desbordan bajo las playeras de su equipo de futbol favorito, muchachas que apenas caben en sus uniformes de faldas tableadas, y entre más popular la facha, más frecuente la redondez precoz, informe, acaso irremontable con los años.

No hay salud en esa abundancia de grasas, azúcares y carbohidratos vuelto destino corporal. Quizás estemos frente al sinsentido mayor que puede imaginarse a propósito del peso: un pueblo de gente joven, obesa y malnutrida.

Busco en Google y descubro que voy retrasado unos 15 años en mi percepción del fenómeno. Hace 10 empezaron a advertirlo con alarma lo mismo el IMSS que la Confederación Nacional de Pediatría de México.

En enero de este año el presidente Calderón oficializó la noticia de que México ocupa el primer lugar mundial en obesidad.

En los últimos 14 años, dice Alejandro Calvillo, director de El Poder del Consumidor, ha caído 30 por ciento el consumo de frutas y verduras, y entre la población más pobre creció 60 por ciento el consumo de refrescos (www.rnw.nl/ espanol/article/mexico-primer-lugar-mundial-en-obesidad).

La desorbitada dieta nacional acabará matando más inocentes que el narco o las drogas, el automóvil o el alcohol, el tabaco o las epidemias. Más que todo eso junto, pues al simple paso del ojo puede constatarse que es una enfermedad voluntaria que ataca a millones.

El ejercicio de esta dieta inadvertida no sólo mata y matará a millones por tempranas diabetes, precoces embolias y prematuras crisis cardiovasculares. También hace y hará infeliz la vida, incómoda la relación con el propio cuerpo, baja la energía vital, frágil la curva de la salud de millones de mexicanos, inermes ante los encantos del azúcar refinada y las grasas polinsaturadas que comemos a puños, salivando, a los mejores precios, en la variedad mayor y la disponibilidad más efectiva de alimentos que hay en el mercado.

El colmo: mal vivir y mal morir de mal comer.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

 

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