La España de Javier

La España de Javier

Era alto, de espaldas caídas, de cabeza lúcida y humor ácido. Tenía una inteligencia afilada y se movía despacio como si la rapidez con que pensaba y respondía le quitara interés al quehacer impreciso y remediable de andar con prisas porque sí. La última vez que lo vimos tenía un catarro de morirse y cuando nos despedimos se quedó estornudando sobre la máquina de escribir en que discernía sin tregua.

Lo conocí a fines de 1985, cuando se interesó en comprar, para Alianza Editorial, los derechos de “Arráncame la vida”. Todo estaba tan por hacerse. Pero iban tan rápido esos españoles entrañables a los que era envidiable ver yendo hacia el futuro con la naturalidad de quien hace tiempo que lo imagina. Pradera para muchos de nosotros, era el representante intelectual de un fuerza democratizadora y un deseo de bienestar social para su país que el PSOE consiguió, desde mis ojos, de la mejor y más audaz manera. Es bueno recordar aquí y en estos días que, para quienes hemos visto a España, desde América, caminar durante los treinta y tres años de moderna democracia, no es posible olvidar que 21 de esos años ha estado presidida por gobiernos socialistas Y que en estos años, frente a nuestra admirada envidia de la buena, España pasó de ser un país de cuatro mil dólares de ingreso per cápita, al de 29 mil en que ahora vive. De ser un país callado, vulnerable, temeroso, a ser un país próspero en el que la gente estaba, hace no mucho, contenta y orgullosa de vivir.

Se los cuento porque ayer la tristeza no me dejó recordarlo con nitidez. Hoy lo anduve trayendo todo el día.

Angeles Mastretta

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