Nuestro cártel de los Sapos

José Cárdenas

Nuestro cártel de los Sapos

Cuando alguno de los sicarios preguntaba si se podría salir del negocio criminal, el gran capo respondía: -Si quieres seguir viviendo tienes que ser narco el resto de tu vida.

.Pero ahora existe una mejor salida. Convertirse en “sapo”.

Prueba de ello es el libro El Cártel de los Sapos, escrito por el ex narcotraficante colombiano Andrés López López, alias Fresita o Florecita. Sí, el libro que se convirtió en la más exitosa caricatura de la narco-realidad colombiana.

Ahora en México se legaliza esa moda. Nuestros diputados aprobaron la protección de testigos “colaboradores”. Es decir, los malos tendrán el cobijo del Estado para denunciar a los “más malos”. Incluso tendrán más privilegios que un testigo de cualquier delito. No importará cuántos muertos carguen en la espalda o cuánto daño le hayan causado a la sociedad.

En adelante, cuando los “soplones” suelten la “sopa”, les lloverán privilegios: cambio de identidad, para ellos y su familia; cambio de residencia, incluso en el extranjero; jugosa pensión de por vida.

Pero a los traidores desafortunados les seguirán cortando dedos y lengua y se los meterán en la boca. Esa ley del crimen no fue derogada.

En cuatro décadas de guerra contra el narcotráfico mundial, los estrategas han descubierto que la mejor manera de derrotar al enemigo es desde adentro.

¿Se acuerda usted que hace una semana, el Ejército logró decomisar, 15 millones 350 mil dólares, tres kilos de cocaína, dos armas largas, dos armas cortas y joyería fina diversa? “La merca” pertenecía al cártel de Sinaloa. O sea, era lana de El Chapo.

Pues. ese gran decomiso no fue casualidad. Fue “pitazo” de “sapos”.

Esos batracios de lengua larga resultan la mejor arma táctica para mermar el poder criminal. La DEA lo confirma.

Apenas el 7 de noviembre, el diario Milenio publicó una investigación reveladora. Menciona una partida federal secreta de 12 mil millones para costear operaciones encubiertas, infiltrar al narcotráfico, pagar una nómina de informantes y mantener en el exilio a testigos protegidos. Se le conoce como la partida 33701 y opera bajo la más estricta reserva del Estado mexicano.

Con esta “lana” y la nueva ley, “los sapos mexicanos” serán ciudadanos de primera. De esos arrepentidos será el reino del billete.

¿Bienvenidos los “sapos” a la República amorosa?

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