‘Sexo en campaña’

Ya estamos otra vez en campaña electoral; esa época en la que a mí se me ponen los pelos como escarpias y no tengo más remedio que hacer una criba de amantes y descartar a los que tienen tendencias políticas para sobrevivir hasta que pasen las elecciones, que para más desgracia esta vez son generales…

Por ejemplo, Gonzalo, que es compromisario del PP y al que estuve frecuentando la pasada primavera, estará exultante y eufórico por lo que dicen las encuestas (y tendrá ganas de demostrarse un héroe entre las sábanas…). Pero es de los que tiene un gen que se activa cuando están cerca los comicios y recuerdo con horror los mítines que me soltaba en la época de las últimas autonómicas y municipales, antes durante y después del sexo:

-”Que sí, Pandora, que España lo que necesita es un cambio… En todos sitios menos donde ya gobierna el Partido Popular, claro…”.

-”Claro, claro… Pues empecemos por cambiar de postura en esta cama, si no te importa. Que aquí no gobierna ni el PP ni el PSOE, pero se me están durmiendo ya las piernas”.

En fin… Eso por no hablar de la de polvos que se ha perdido por andar por ahí tontamente repartiendo propaganda o en algún acto con militantes, que no hay cosa que me baje más la libido que llamar a un tipo para que venga a mimarme un rato y que me salga como “música en espera” la sintonía de su partido político.

Al pobre de Antonio le tendré que dar todavía algún tiempo más que a Gonzalo para volver a convocarle, porque las encuestas no son muy halagüeñas con el PSOE y, a este joven cachorro de las juventudes, el 20-N empieza a parecerle el fin del mundo. El otro día me lo crucé por la calle, pero iba tan cabizbajo que no se percató siquiera de la inmensa raja de mi falda de tubo que dejaba entrever la blonda de mis medias… Él, que en sus buenos tiempos no dejaba pasar el atisbo de un tirante de mi sujetador sin querer bajármelo hasta la cintura…

A mí nunca me ha interesado mucho la política, la verdad, pero lo que sí consiguió de mí Antonio es que me tomara un poco más en serio eso de ir a votar, aunque sólo fuera por cómo me explicó un día la importancia de subir la asistencia y bajar la abstención.

-”¿A que no es lo mismo si me quedo por aquí merodeando ‘voto’ en mano…”, preguntaba el muy canalla sujetándose el pene y acariciando con él mi suelo pélvico, “que si me decido a meter la ‘papeleta’?”. Y entraba de golpe en mi sexo, la mayor parte de las veces cogiéndome por sorpresa.

'Sexo en campaña'Ilustración: Luci Gutiérrez

Lamentablemente, su ‘voto’ a veces era ‘nulo’, supongo que por culpa de esos jueguecitos ‘interruptus’, y por los dos millones de cosas que siempre tenía en la cabeza: “¿Crees que deberíamos regalar en los mítines condones con el símbolo del partido? ¿Te parece un buen lema de campaña: ‘Prepárate, que te lo voy a dar todo’? ¿Pandora, crees que Alfredo es sexy?”. (Alfredo y sexy son dos palabras que yo no pondría nunca juntas en la misma frase…).

Tuve que dejar de verle cuando empezó a hablar sin parar de las primarias, porque la calva y las encuestas de su querido Alfredo funcionaban lo mismo que una ducha fría.

En cualquier caso, no puedo dar pábulo a los tópicos porque más allá de cuidar la escenografía, el estilismo y el kamasutra (y eso es siempre más un gusto personal que un principio político), nunca me he encontrado a alguno que, por ser conservador, me obligue a apagar la luz o que por ser de izquierdas tenga conductas sado-maso. A todos les gusta igual que les des un masaje de lengua en lo que les cuelga entre las piernas, les gusta empujar por delante y por detrás y la fijación por el sexo anal (por practicarlo, no porque se lo practiquen) es un denominador común, así es que es imposible equivocarse.

Y es que, para darse una mano de follar en pleno siglo XXI, ya no importa mucho si un hombre es de izquierdas o de derechas. Lo que les diferencia un poco más es la conducta social que tienen respecto al sexo: unos lo ven, lo comentan y lo sienten como algo más natural (¿adivináis quiénes?) mientras que los otros viven casi de espaldas a él (aunque tengo noticias de que un altísimo cargo es muy fiel a su cita conmigo cada jueves…).

Las cosas han cambiado mucho desde que en los inicios de la Transición los chicos se lanzaban como locos a por las chicas de izquierdas, porque con el sujetador quemaron también los prejuicios y empezaban a disfrutar del sexo como no se hacía en España probablemente desde el Renacimiento. Ahora ya les da igual a quién votes o si llevas sostén o nomientras no te quedes inmóvil en la cama, con las piernas abiertas y los ojos cerrados, esperando a ver qué dice el escrutinio.

La buena noticia es que la campaña no dura mucho más de dos semanas y que después podré recuperar a mis amantes adversarios políticos. Bien mirado, debería presentarles, aunque sólo fuera para que vean todo lo que tienen en común (como lo mucho que les gusta a los dos meterse en mi cama, por ejemplo).

No, si al final veo venir que entre mis sábanas acabarán firmándose pactos de Estado…

(Escribidme a pandora.rebato@elmundo.es)

(No os lo perdáis, esta temporada podéis encontrarme en Facebook y enTwitter)

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lacamadepandora/

Deja un comentario