¿Aversión al conflicto? Más bien, pasividad…

"Pasividad", autor: Murtu

Jorge Castañeda, en su más reciente libro, consigna un rasgo cultural de los mexicanos, la “aversión al conflicto”. Es algo que, por lo visto, determinaría buena parte de nuestras conductas privadas y sociales. Pero no estamos hablando solamente de una característica analizable desde el punto de vista sociológico sino, creo yo, de algo más: de una estructura de la personalidad determinada, irremediablemente, por factores psicológicos.

Esa tal aversión entraña, a mi entender, un importantísimo componente de pasividad: el hecho de evitar de manera invariable un enfrentamiento implica no sólo cuidar las formas y evitar la intrusión de males mayores sino que nos exime, como individuos, de la más inmediata de las responsabilidades, a saber, la de resolver un problema cuando toca o, dicho coloquialmente, la de “tomar el toro por los cuernos”.

La susodicha pasividad es también una característica absolutamente inseparable de la idiosincrasia nacional, algo que se manifiesta de forma casi universal en temas tan dispares como la administración de la cosa pública, la promulgación de leyes en el Congreso, la toma de decisiones estratégicas o la instauración de cambios y reformas.

En el ámbito individual, la pasividad es lo que se interpone entre los sueños acariciados y los logros alcanzados. Y es de ahí, supongo también, de donde se deriva esa peculiaridad nuestra que muchas personas suelen ejemplificar con la escena de los cangrejos: en cuanto uno intenta salir del perol donde van a ser cocinados, los otros se encargan de que no lo consiga.

Es así, de las misma manera, como se deslegitima el éxito, como los logros ajenos no se reconocen, como se denigra al triunfador y como se desvirtúan todas aquellas manifestaciones de progreso y crecimiento. Una sociedad de individuos pasivos es también una sociedad de envidiosos y de personas destructivas: es inaceptable que lo que no consigo hacer yo lo pueda hacer otra persona. Ahí estamos. Y ahí seguimos…

Román Revueltas Retes/mileniodiario

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