Estornudando

El historiador Jesús Hernández Jaimes me envía una pequeña joya archival, encontrada por él en El Registro Oficial. Periódico del Departamento de Durango, tomo 2, núm. 190, 7 de diciembre de 1843, pág. 4.

Es un texto sobre el estornudo que se lee como sigue:

Dice Aristóteles que cuando una persona estornudaba en compañía de varias personas, éstas le saludaban para manifestarle que se veneraba su cerebro como depositario de los sentidos y del talento.

El jesuita Strada, cree que para hallar el origen de estos saludos se debe retroceder a los tiempos de Prometeo, que habiendo conseguido encerrar en una cajita un rayo de sol para animar su estatua, se la aplicó a las narices, como quien toma un polvo de tabaco, lo que le hizo estornudar al momento.

Los rabinos sostienen que a Adán se debe el primer estornudo. Ciertamente se necesita no poca agudeza para haber rastreado, que el primer hombre fue también el primero que estornudó. Antiguamente el estornudo era de mal agüero y presagio de muerte, pero parece que Jacob, no queriendo morirse por semejante bagatela, pidió a Dios que cambiase este orden de cosas, y que cada prójimo pudiese estornudar cuantas veces tuviese a bien sin miedo de salir instantáneamente de este pícaro mundo. Dios le otorgó su petición y de allí nos ha venido el uso de felicitar a algunos cuando estornuda, sin contratiempo.

Una causa más cierta de este acto de cortesanía nos dieron los italianos: en el pontificado de Gregorio el Grande apareció en toda Italia una peste que se manifestaba por estornudos, de los cuales se veían atacados furiosamente los epidémicos; se hicieron rogativas públicas y desde entonces sigue la opinión popular de que la costumbre de saludarse, trae su origen de una enfermedad epidémica que hacía morir súbitamente a todos aquellos que tenían dañada la membrana pituitaria.

El estornudo se tomaba por un signo ya próspero, ya adverso. Próspero era aquel que acontecía desde las doce del día a media noche; y cuando la luna estaba en las constelaciones de Tauro, Leo, Libra, Capricornio y Piscis; pero si sucedía desde las doce de la noche en adelante, o se encontraba la luna en los signos de Virgo, Cáncer y Escorpión, la muerte era inevitable.

Cuando el rey de Sumar estornudaba, los cortesanos le volvían la espalda dándose una palmada en la nalga derecha. Griegos y romanos tenían por buen agüero oír un estornudo por el lado derecho. Los primeros, queriendo manifestar a alguna joven cuan hermosa era, le decían que en su nacimiento habían estornudado los amores.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

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