La conciencia y la próstata

Me debato desde hace algún tiempo en la duda de si mi vida anterior fue la consecuencia de una actitud amoral o el resultado de un exceso de vigor físico. Hay aspectos de la maldad humana que de donde surgen no es de la negligencia moral, sino de la capacidad energética que un hombre pueda tener para realizar los esfuerzos físicos que a veces requieren los errores. Muchas madrugadas me entretuve en pensar sobre esto mientras permanecía a merced de las tentaciones, y aunque no fui capaz entonces de resolver mis dudas, conté con la ayuda de tipos bregados que sabían por propia experiencia que una cabeza reflexiva ayuda menos a la regeneración moral de un hombre que su cuerpo extenuado. Ahora que pasaron unos cuantos años, me doy cuenta de que mi amigo el ex boxeador Ángel Grela tenía toda la razón del mundo la madrugada en la que en un club me dijo que «en el transcurso de un combate los golpes tienen la  intención de hacer daño, hasta que en el último round te das cuenta de que has perdido potencia en los brazos y te cuesta mover los pies en la resina, así que es evidente que se esfuma la furia y aparece algo parecido a la conciencia». Fue en su pelea contra José Luis Velasco cuando mi viejo amigo se coronó campeón de España y empezó la cucaña de su fiesta en lo mas alto de su declive. Ya entrado en años, me dijo aquella madrugada en el club de carretera algo que yo reelaboré para ponerlo en boca de un abatido personaje del Savoy: «He llevado mala vida, muchacho, pero fui feliz mientras me equivocaba. No necesitaba recapacitar para tener razón. Era joven, amigo. Y cuando eres joven, la conciencia no te reprocha nada que te tolere la próstata».

José Luis Alvite/larazon.es

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