Candi Staton, una diva del soul que no es Whitney Houston

Por: Fernando Navarro | 14 de febrero de 2012

Candi

Es curioso cómo, a veces, se escuchan determinados discos. Este pasado fin de semana me pasó con un doble y fabuloso recopilatorio que me compré estas navidades de Candi Staton. El domingo amanecía con la noticia de la muerte de Whitney Houston, que conmocionó al mundo entero por el alcance del personaje y su trágico descenso a los infiernos, y a mí me pillaba repasando este doble álbum de Staton, una musa del soul mucho menos conocida, mucho menos millonaria, mucho más oculta en el baúl de los recuerdos.

Era extraño. Como sucede siempre con estas noticias, deprisa y corriendo, me pidieron escribir un artículo sobre Whitney Houston centrado en el aspecto musical. Reescuchando canciones de la protagonista de El guardaespaldas se me repetían sonidos mucho más lejanos. Llevaba desde el viernes inmerso en los primeros años de la obra de Staton, que estaba en mi cabeza con tanta fuerza que no había manera de apartar sus canciones durante un rato. Cierto que había en Houston un talento soul latente, aunque estropeado por las producciones de los ochenta y su entrega sumisa al dulcificado y insustancial mundo del pop comercial, pero a mí el cuerpo me pedía a Candi. 

FameAl salir de la redacción, de vuelta a casa, volvía a reproducir las composiciones de Staton y sentía que había algo de desbarajuste en todo esto. Conduciendo con un tímido sol de invierno, sus canciones abrían el tarro de las esencias, activaban todos los sentidos y se estiraban hasta el infinito una vez te introducías en ellas. Pena que a esta cantante de Alabama no se la conociese la mitad de la mitad que a Houston, me decía a mí mismo, porque el mundo se perdía algo maravilloso. Pena que las cosas fueran como son, porque Staton es una de las voces femeninas más sugerentes que el oyente puede encontrar en la música negra.

De hecho, había algunos paralelismos entre ambas cantantes. Ambas eran voces supremas y elegantes capaces de conmover al menos pintado. Ambas se habían criado bajo el amparo de la tradición gospel y sus cuerdas vocales guardan esa resonancia mística cuando se elevan en los momentos más trascendentales de sus lentos. Ambas habían hecho, a su manera, el camino hacia el soul y al lado secular de la música negra de raíces y, de ahí, coquetearon con la música disco. Dos damas negras con un estilo incuestionable pero una muy famosa y la otra, al menos por estos lares, desconocida.

Conmovido por mi extrañeza ante situaciones de este tipo, aprovecho que ahora Whitney Houston se ha ido y nos ha devuelto a todos su nombre como icono de una generación en la música pop y su repercusión mediática para recordar a Candi Staton, que todavía vive y sigue cantando con trabajos más o menos recientes como el delicioso His Hands de 2006. Soy de los que cree que los buenos homenajes son los que son en vida. Yo me rindo a esta vocalista exquisita, que considero mucho más transcendente y atractiva en la música norteamericana que Houston.

En ella, hay una historia de superación por salir de la pobreza, cantando por el sur estadounidense con varias formaciones como The Soul Stirrers. También se encuentran momentos sublimes de los sonidos negros como sus trabajos con ese sabor sureño grabados en los estudios Fame, donde se paseó la canela más fina del soul de los sesenta. Staton se pone a un nivel similar a Aretha Franklin. Asimismo, se halla la parte con más calidad de la música disco de los setenta. La propia Staton compitió con Bee Gees en alguna ocasión por copar lo alto de las listas. Y nunca abandonó del todo su educación gospel.

Esta semana que se habla tanto de Whitney Houston como diva del soul, estaría bien investigar o recuperar, según el caso, a otras reinas mucho menos conocidas pero con mundos artísticos, seguramente, más fascinantes. Al menos, en mi opinión, merece la pena buscar otros nombres de esta amplísima ruta sonora que es el soul. Y Candi Staton es tan diva como la que más, porque es una encantadora escucha del mejor soul.

http://blogs.elpais.com/ruta-norteamericana

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