De Europa sólo quedará su nombre

Alberto Peláez

De Europa sólo quedará su nombre

Cuando Alejandro Magno tomó posesión de Europa y media y, llegó con sus caballos a los pies de Afganistán, no sabía que se convertiría en uno de los héroes y que con los siglos se transformaría en un mito. Sí, en un mito, nuestro mito. En Europa vivimos de ellos y gracias a ellos.

Vivimos de Sócrates y del gobierno del pueblo, de Platón y Aristóteles. Vivimos de que ellos y los romanos —especialmente los segundos— crearon las bases del Derecho actual. Vivimos la creación de la imprenta del gran Gutenberg y también del Renacimiento que vio nacer la mayor etapa de esplendor cultural de Europa. Porque de aquella Europa salieron Dante y Petrarca y Boccaccio y también Rafael Sanzio y Leonardo y luego el Barroco y el Neoclasicismo y la Revolución francesa —fundamental— y Montesquieu y la separación de poderes. Nació la Enciclopedia y más tarde, el Positivismo y el Existencialismo. Y también los grandes autores de todos los siglos. Desde Racine a Molière, desde Shakespeare a Lord Byron, desde Lope de Vega a Lope de Rueda. Y así hicimos una Europa que siempre consideramos sólida como el plomo.

Fruto de la experiencia tecnológica y cultural, el hombre conquistó la luna y mucho más. También nos hicimos más longevos y mejoramos ostensiblemente nuestra calidad de vida.

Pero entonces, ¿en qué parte nos perdimos? ¿En donde nos caímos para que Occidente se desmorone como lo hizo Roma? ¿Por qué en veinte años todo el peso de la Historia se nos ha caído como una losa, como si fuese una lapida marmórea? ¿Dónde quedó nuestra famosa calidad de vida?

Cuando en los años sesenta comenzó a aplicarse el Neoliberalismo, comenzó el declive. Era fundamental dar poder a las empresas para arrogar al tejido productivo. Pero aquello se enquistó y se ha enquistado hasta hoy. Por eso, en España nos vemos con unas manos vacías de contenido pero llenas de desempleados. Por eso, no vemos la luz al final del túnel ni lo vamos a ver. Por eso, España se cae y llega a niveles como los de Rumania. Pero ¡Qué más da! Tenemos el Acueducto de Segovia y los toros de Guisando y a Cervantes y a Avicenas y a Averroes y también a Tirso de Molina y a Jovellanos y un gran vino y mejor comida.

¿De qué nos ha servido todo eso? Al final, nos damos cuenta que de poco porque estamos viviendo de las migajas.

Europa se muere y España con ella. Ya es muy mayor. Todo lo que nace tiene que morir. Cuanto más mayor se hace uno, más se aproxima a lo que nadie quiere. Pero en fin, así es la ley de vida.

Habrá que crear una nueva Europa. A lo mejor en un futuro, de Europa sólo quedará su nombre.

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