Doña cannabis: el sueño y la pesadilla

Por: Héctor Aguilar Camín

Doña cannabis: el sueño y la pesadilla

El diario La Razón ha publicado, frente a frente, un par de esas fotos, pocas, que sí dicen más de mil palabras. Las fotos son de dos plantíos de mariguana, yerba de un verde prístino, a la vez abundosa y espigada. Hermosa planta. En medio del plantío del lado mexicano, con las matas llegándoles a la cintura, van dos soldados en uniforme de camuflaje, con sus armas de asalto alertas, los dedos en el gatillo, apuntando uno al frente, siguiendo el otro con la mirada la línea visual de su compañero. A juzgar por la cautela nerviosa de sus posturas, algo grave esperan encontrar en su merodeo, algo que quizá deban resolver a tiros. La foto del plantío estadunidense pertenece a una granja de cannabis de Oregon. Las plantas de esa foto son altas y maduras, tanto que algunas de sus hojas están secas. No son plantas bajas sino altas, tanto como el hombre que aparece en medio de ellas, arropado por sus ramas como un santo de hornacina. Este hombre es un gordito de aspecto joven, papada próspera, lentes finos y frente despejada. Viste de traje, con una corbata de tonos dorados. Su nombre es Paul Stanford. Es uno de los primeros millonarios que produce el cultivo y comercio legal de la mariguana para usos medicinales en California. Stanford declara haber tenido ingresos de 10 millones de dólares en 2009 y 2010, provenientes de estos plantíos que exhibe orgullosamente, dice el diario, como quien muestra viñedos. Si he descrito con aproximada exactitud ambas fotografías, los lectores tendrán ya un juicio claro sobre la aberrante situación en que nos encontramos, frente a Estados Unidos, respecto de la persecución de la mariguana. La legalización de la mariguana medicinal en California produce allá fortunas y empresarios. Aquí produce muertos y presos. Para impedir que la yerba sembrada y cosechada en México llegue al mercado estadunidense, tenemos al Ejército quemando plantíos y a las fuerzas policiacas deteniendo burreros, narcomenudistas y capos sembradores. Mientras tanto en California hay un mercado de mariguana que no sólo no es ser perseguido por la fuerza pública, sino que es protegido por la ley y produce fortunas que se reputan no sólo como legítimas, sino como visionarias: una variante más del sueño americano. Dicen que la mariguana representa 60 por ciento del mercado total de drogas ilícitas en México. La última estimación del Cisen calcula el valor de ese mercado en no menos de 5 mil y no más de 8 mil millones de dólares. Hablamos de una fortuna agrícola criminalizada por la prohibición, que es parte consustancial de la pesadilla mexicana.

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