La prohibición de las drogas

La prohibición de las drogas

Ayer tuvo lugar en el DF el foro internacional “Drogas: un balance a un siglo de su prohibición”.

Durante mi intervención en él, recordé que la prohibición nace en la Convención Internacional del Opio de 1912 y es asumida por todos los países signatarios de la ONU en 1998, luego de que en 1971 el presidente Nixon y sus estrategas inventan la campaña antinarcóticos y el término que todavía usamos para designarla: “Guerra contra las drogas”.

La meta del acuerdo mundial firmado en la ONU fue: “Reducir tanto la oferta ilegal como la demanda de drogas”.

Nada indica que esto haya sucedido. Luego de medio siglo de persecución no han bajado ni la oferta ilegal ni la demanda de las drogas prohibidas. Según la propia ONU, en 2009 poco más diez años después del acuerdo, consumen drogas entre 149 y 272 millones de personas, un rango similar al de la década anterior[1].

Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado consumidor, seguido de cerca por Europa Occidental. Desde 1960 la mitad de los estadunidenses declara haber probado alguna droga ilegal.[2] En 2009, 40% del consumo de cocaína se concentraba en Norteamérica, seguido por Europa, con 30%[3]. En cambio, la mayor parte del mercado de la heroína, 47%, estaba en Europa Occidental y Rusia, en 2008.[4] El mundo desarrollado pelea sin esperanza contra su propio mercado: como revelan las cifras, el consumo de drogas en esos países es a la vez potente, irreprimible e ilegal.

Podemos decir que los beneficios de la prohibición son modestos.

No así sus costos

La Comisión Europea calcula que hay en el mundo un millón de presos por delitos vinculados a las drogas: 500 mil están presos en Estados Unidos. La mayoría de estos presos estadunidenses son negros o hispanos. La mayoría por portar con ellos, al momento de ser detenidos, el equivalente de 80 dólares de drogas prohibidas.[5]

Países de producción y paso como Myanmar, Afganistán, Irán o, en América Latina, Perú, Colombia, Honduras, El Salvador, Guatemala y México, han pagado y están pagando en violencia, corrupción, inseguridad y desarticulación institucional, costos superiores a los que les hubiera provocado el consumo de las drogas perseguidas.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

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