Los cadáveres de Mubarak y Blatter

Los cadáveres de Mubarak y Blatter

Aficionados muriendo en el vestidor con jugadores dentro, una escena que el futbol no había imaginado. Advierto un debate dantesco en la repartición de los cuerpos: cuáles corresponden al futbol y cuántos son nuevas víctimas de la revolución. Acusar al juego de esta tragedia tan egipcia sería un análisis de libreto. El problema es que Mubarak y Blatter tienen mucho en común. Dejemos las dictaduras para otro día. El drama de Port Said se desarrolla en un entorno apocalíptico: disturbios, estallidos, persecución. Cualquier evento social es susceptible de ser arrollado. 74 muertos en Egipto ya no eran noticia, el lugar del crimen sería la portada. Un estadio con banderas enemigas fue ideal para agitadores. Sus tribunas tenían la protección del anonimato; hasta aquí los cuerpos de Mubarak.

Los radicales de cada equipo apenas entienden la diferencia entre central y centro delantero. No van al partido, acuden a un movimiento convocado por los códigos sagrados del futbol que el abuso del marketing y las redes sociales transformaron en un discurso fundamentalista. Escudos, guerreros, colores, garra, coraje, piel, sangre, sudor y lágrimas; simbolismos deportivos que interpretan en tonos bélicos. No vayamos lejos, los sótanos de estas columnas se llenan de incógnitos y agresiones tras la soledad de un nickname. La confusión juvenil causada por falta de identidad y oportunidad incuba en el futbol comunidades perversas. El calor que la sociedad les niega lo encuentran en la bufanda de un club. Hasta aquí los cuerpos de Blatter: a cambio del voto africano que lo sostuvo permitió cualquier cosa en aquellas ligas. No importa, el domingo FIFA lo soluciona con un minuto de silencio en los estadios más ricos del mundo.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

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