Love for shit

Love for shit

Le llama un médico por teléfono y le da una noticia terrible. Su hermana está muy grave en el hospital, la vida pendiente de un hilo. Es una situación en la que uno deja cualquier cosa que tenga entre manos y parte embargado por la preocupación allá donde haga falta. Se forma un nudo en el estómago y el único objetivo que la mente permite modelar es llegar cuanto antes al hospital. Unos segundos de retraso pueden significar perder la oportunidad de despedirse para siempre.Su caso es diferente, la llamada le ha pillado cagando, en mitad del esfuerzo.

Se le plantea el gran dilema: si se levanta de inmediato, la guarrada provocada será monumental. Si no lo hace, tal vez no le dé tiempo a decir un último adiós.

Al final, cargado de adrenalina y con el pulso acelerado, decide terminar la faena. En realidad, no tiene otra opción. Lo máximo que puede hacer para quedar en paz consigo mismo es procurar hacerlo lo más rápido posible. Es su política de emergencia para minimizar los daños.

Al terminar, se da cuenta de que la conclusión de ese acto supone la inversión de un tiempo extra limpiándose. ¡No va a ir al hospital oliendo a mierda!

Las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos mientras se limpia entre las nalgas, pero tiene la decencia de no pararse a mirar lo que queda en el papel. Ese tiempo sí que puede ser desechado. Se puede ir por el váter junto con su vergüenza.

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