Seamos positivos. ¿Cómo?

Seamos positivos. ¿Cómo?

Hay en la Puerta del Sol un anciano con una boina de la que sobresale un mechón de canas. Lleva un cigarrillo en la boca como si fuese un ornamento que nunca se desgasta. Lo lleva apagado. Su cara está muy arrugada, igual que sus manos. Sin embargo vocifera como miles de personas más en contra de la reforma laboral del nuevo gobierno de Mariano Rajoy.

“¿Que por qué grito? Mire, tengo ochenta y cinco años. Usted comprenderá que, a mi edad, la reforma laboral ni me va ni me viene. Pero a mis hijos y, sobre todo a mis nietos, les afecta de lleno. Y tengo quince nietos. ¿Sabe usted? Bueno, pues de esos quince, nueve están en el paro. Si le parece me quedo en casa.”

Lo miro y veo en sus ojos un halo de cierto rencor, una aptitud contestataria más propia de una juventud sin futuro que de un octogenario que lucha por el futuro de los jóvenes por que él ya vive del pasado.

Pero ¿qué ha pasado en España para que estemos cayendo y no podamos ver ninguna salida al final del túnel?

La reforma laboral de Rajoy es muy dura. Facilita el despido y, de hecho lo abarata. Si la liquidación antes era de cuarenta y cinco días por año trabajado, ahora es de veinte y, en el mejor de los casos, de treinta y tres días.

Con la ley en la mano es muy fácil el despido. A eso le sumamos que los que cotizamos a la Seguridad Social, sabemos que las pensiones que tendremos cuando nos jubilemos serán mínimas por no decir que ninguna. Cuando un trabajador lleva toda su vida laborando, espera que su vejez sea lo más digna y onerosa posible. Así debería ser. Así era antes. Pero no. Ahora resulta que no; que si te dan las gracias, mucho se habrá conseguido.

A eso sumémosle los cinco millones cuatrocientos mil desempleados que hay en España. Además, Santa Claus nos traerá para finales del 2012 un regalo con seiscientos mil desempleados más y nos situaremos en más de seis millones de personas.

Sumando, sumando otra de las prebendas de esta reforma laboral es la bajada de los salarios en todos los cargos públicos, desde los directores a funcionarios.

Con estas coyunturas, el futuro es muy difuso, demasiado negro, diría yo.

¿Podríamos imaginarnos a cincuenta edificios de Madrid ardiendo? Nos resulta impensable. Sin embargo, en Atenas ocurrió recientemente. Pasó porque la situación era ya insostenible y están a punto de la insurrección civil.

España se encuentra ahora como Grecia, hace un año. ¿Cómo estará España en ese tiempo? Intentemos ser positivos.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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