¿A quién sirven abstención y voto nulo?

¿A quién sirven abstención y voto nulo?

Oigo decir a mucha gente en muchas partes que no votará o anulará su voto.

Lo escucho en la lógica de ejercer una protesta, para manifestar un rechazo a todos los políticos sin distinción, y, también, para salirse del brete de tener que votar por algún candidato de carne y hueso, cuando ninguno convence.

Por lo que percibo en las redes sociales, tendrá muchos seguidores la idea de abstenerse o votar nulo. La experiencia de 2009 me lleva a pensar que, conforme se acerque la elección, crecerán los partidarios del voto nulo, el cual jugó ya un papel en las elecciones intermedias de aquel año.

Y un papel interesante. Si recuerdo bien llegó a representar casi 10 por ciento del voto en Jalisco y algo más en Puebla.

Conviene recordar que el voto nulo funciona como una señal de protesta genérica, pero equivale a dejar que los demás votantes decidan por uno.

Si esa protesta genérica no adquiere una agenda visible, específica, vinculada a ciertas demandas de reforma y cambios institucionales o legales, termina convirtiéndose solo en un rechazo testimonial.

En el fondo es una forma indirecta de votar por el ganador, al que el abstencionismo y los votos anulados le mejoran automáticamente el valor porcentual de los votos que sí consigue.

Los votos efectivamente conseguidos por el ganador valen más si el total de los votos válidos es menor. Diez votos efectivos de cien, valen 10 por ciento. Los mismos diez votos efectivos de 50, valen 20 por ciento. Los mismos 10 votos efectivos de 20, valen 50%.

En este sentido, el voto nulo tiene el mismo efecto práctico que la abstención, aunque su registro pueda ser un termómetro de la inconformidad ciudadana.

Ni el voto nulo ni la abstención sirven para corregir instituciones o para castigar políticos. Como protesta genérica, el voto nulo tiene un poco más de sentido en una elección intermedia, pero en una presidencial consigue el efecto, probablemente no buscado por el anulista, de dar mayor ventaja proporcional al ganador de la contienda.

Me sorprende la sorpresa con que diversos interlocutores abstencionistas o anulistas escuchan este argumento.

Quien quiera influir en esta elección debe votar, a favor o en contra de algo, por el candidato que le gusta o por el que le disgusta menos o por el que menos abomina.

Esto es lo efectivo, y lo que será contado en las urnas el día de la elección. Lo demás puede ser sintomático, pero es testimonial y, en la práctica, solo ayuda al ganador.

Héctor Aguilar Camín/mileniodiario

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