Abandonar lecturas no es malo

Abandonar lecturas no es malo

Las campañas de promoción de la lectura suelen fracasar porque sacralizan libros, autores y el acto mismo de leer; ignoran que en este terreno sólo hay una autoridad, el lector, y que éste puede encontrar insoportables libros y autores consagrados hasta hartarse de ellos. Leer cansa y el tiempo escasea. Las campañas de promoción de la lectura pueden ser contraproducentes: por cada nuevo lector puede haber muchos desertores que nunca volverán.

Sería bueno tener estadísticas de deserción; preguntar, por ejemplo: ¿ha empezado usted a leer un libro y lo ha abandonado sin terminar? ¿Por qué lo abandonó? ¿Ha probado suerte con otros títulos después? ¿Cuántos? ¿Se cansó de intentar? ¿Qué piensa de la gente que habla de muchos libros y autores? Ante una biblioteca privada ¿piensa que el dueño ha leído todo el acervo? ¿Cree que los libros son para ser leídos de principio a fin y que si uno no lo hace fracasa como lector?

Tim Parks (novelista, ensayista, traductor) ha emprendido una revisión crítica de las nociones aceptadas de la lectura y la obra y llegado a las siguientes conclusiones: los libros no se leen hasta el final sino hasta que hemos tenido suficiente; podemos abandonarlos a la mitad y sentir que hemos terminado de leerlos; el lector experimentado sabe cuánto tiempo dedicar a un libro antes de abandonarlo; sólo los lectores inseguros leen libros hasta el final sin gozar ni obtener provecho de ellos.

Parks remite su tesis a grandes lectores. Samuel Johnson, interrogado sobre si había leído cierto libro, respondió: “Sir, ¿acaso usted lee los libros completos?” Schopenhauer afirmó que bastaba hojear un libro para tener una estimación preliminar de la obra total de su autor. “La vida es muy corta para leer libros malos”, acotó. Kafka sostuvo que, después de cierto punto, el escritor puede finalizar su libro sin frase final. De hecho, él no finalizó El Castillo ni América y dio carpetazo a El Proceso (“Why Finish Books?”, The New York Review of Books).

Parks tomó conciencia de esta dimensión de la lectura cuando un amigo, después de elogiar una novela suya, le dijo que no había leído las últimas cincuenta páginas. Consternado, Parks preguntó porqué. Su amigo respondió: “Es que ya había tenido suficiente”. Parks admitió entonces que a él le había ocurrido lo mismo muchas veces y cada vez más: “Empiezo a leer un libro, lo gozo plenamente y llega el momento en que creo haber tenido suficiente. No es que haya dejado de gozar. No estoy aburrido. No pienso incluso que el libro es muy largo. Es sólo que no deseo seguir gozándolo. ¿Puedo decir que lo he leído? ¿Puedo recomendarlo?

Claro que sí. Jorge Luis Borges elogió Cien años de soledad pese a lamentar que comprendía “muchos años”. Borges podría enriquecer la tesis de Parks con su desdén de obras consagradas voluminosas, como La montaña mágica de Thomas Mann: “Cada vez la encuentro más aborrecible”. Borges sostuvo que toda novela es producto del exceso. No escribió novelas ni libros extensos por “holgazán”. Su único libro, Evaristo Carriego, carece de final.

Tim Parks está llevando su tesis hasta cuestionar el imperativo de contar historias como vía de salvación o singularización del individuo. La retórica de la superioridad de la literatura le revienta (igual que a mí). Deplora que las novelas magnifiquen el “yo”, cuando éste debería ser desinflado. “¿Necesitamos realmente la intensificación del yo que las novelas abarrotan? (…) Amo las historias complejas, pero estoy seguro que no las necesitamos.” (“Do we need stories?” The New York Review of Books)

Dado el consenso fake de la superioridad de la narrativa sobre otras formas de discurso, la idea de Parks debe ser discutida por separado. En principio, toda postulación tiene detrás una historia a ser contada, lo cual no significa que relatar sea superior a razonar. Todo razonamiento puede ser relatado y todo relato puede ser razonado, como ir de lo abstracto a lo concreto: es el mundo de la mente, la emoción y el sentimiento. El curso de Parks hacia la disolución del “yo” tiene su propia historia, la cual está en su obra. Su novela Sueños de mares y ríos está en español.

Volviendo al tema de este artículo, las campañas de promoción de la lectura tienen un foco estrecho, autoritario y pseudoelitista. Una campaña eficiente debería empezar por saber qué lee la gente y porqué abandona lecturas. Cuando una persona asume leer, ¿qué valores entran en juego? ¿Abandonar un libro a las primeras páginas significa triunfo o derrota? Hay que ver cada caso. Abandonar una obra canónica, como El Quijote, puede ser un triunfo si el lector, mal guiado por las recomendaciones, busca algo distinto.

La imagen talismánica del libro debe ser archivada a favor de la lectura eficiente, aquella que proviene del encuentro de la información e ideas necesitadas por el lector, las cuales pueden estar contenidas en conversaciones y hasta en forma escrita. Reducir la vida del espíritu al formato industrial llamado libro es cometer sinécdoque.

Ramón Cota Meza/mileniodiario

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