Ateos en las trincheras

Por: David Alandete | 11 de abril de 2012

69153387Concentración atea en Fort Bragg / C. KEANE (REUTERS)

Los tiempos están cambiando, como cantó Bob Dylan, incluso para las fuerzas armadas más temidas del mundo. El pasado día 1 de abril se organizó en unas instalaciones militares el primer acto para ateos del que se tiene constancia aquí en Estados Unidos. Es curioso, porque incluso en las bases más remotas suele haber capellanes y servicios religiosos para todos los credos posibles: protestante, católico, judío, musulmán… Pero, ¿quién hace de guía espiritual para los ateos, en caso de que sea necesario?

En un marco político en el que los (ex)aspirantes a la Casa Blanca han estado criticando con dureza la separación entre Iglesia y Estado, ser ateo y salir del armario no es cosa fácil en un país como EE UU. Por eso la valentía de los cientos de soldados que acudieron al evento para ateos en la base de Fort Bragg, en Carolina del Norte, es doble. De los 1,4 millones de soldados en activo en las cuatro ramas principales del Ejército, sólo 8.000 se confiesan ateos. Otros 1.800 se definen como agnósticos y 286.000 evitan revelar abiertamente su afiliación a sus superiores en la cadena de mando.

“Estamos enviando un mensaje”, dijo a Reuters Justin Griffith, sargento en Fort Bragg.“En las trincheras, los ateos luchan también por vuestros derechos. Por favor, devolvednos el favor”. En la concentración, convocada bajo el lema Rock Beyond Belief (un juego de palabras que significa ‘solidez más allá de la fe) se vio todo tipo de carteles, en los que se leían consignas como “ser soldado requiere dedicación, no fe” o  “no hay capellanes en las trincheras”. Griffith la organizó, en parte, para protestar contra un evento de cristianos evangélicos en la base que, según su opinión, iba dirigida a convertir soldados al protestantismo.

No son quejas sin motivo. El Ejército de Tierra impone a sus soldados lo que se conoce como Examen de Adecuación Espiritual, en el que se pide que se evalúen afirmaciones como éstas:

  • Soy una persona espiritual

  • Mi vida tiene un sentido duradero

  • Creo que, de algún modo, mi vida está conectada estrechamente a toda la humanidad y a todo el mundo

  • El trabajo que hago en el Ejército tiene un sentido duradero

  • Con frecuencia me refugio en la religión o en las creencias espirituales

  • Creo que hay un sentido en mi vida

Todo ello, según se dice en el Pentágono, porque las personas de fe tienen una mayor resistencia en el frente de batalla. Esas preguntas enervaron al sargento Griffith, que organizó el encuentro de ateos y agnósticos con el apoyo de la Fundación Militar para la Libertad Religiosa, creada para “ofrecer garantías a todos los miembros de las Fuerzas Armadas de EE UU reciben protecciones plenas bajo el principio constitucional de libertad religiosa que ampara a todos los norteamericanos”, según dice en su página web. Prometen seguir luchando por ello, aunque parezca una guerra tan difícil de ganar como la que hay abierta en el frente afgano.

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