Cristina saca los dientes

Cristina saca los dientes

Con la foto de Evita detrás, la presidenta de Argentina pronuncia un exaltado discurso para anunciar que va a plantar cara a los españoles imperialistas, sí señor, y que va a nacionalizar, por sus pistolas, una industria petrolera en la que los ibéricos han invertido, de mutuo acuerdo con sus socios australes, ingentes recursos financieros, materiales y humanos.

Va de por medio la soberanía energética, desde luego. Y el orgullo de la nación, faltaría más. La galería aplaude. Aplaude allá su público de patrioteros embelesados —los mismos que reverenciaban a Carlos Menem y los que todavía quieren guerrear con Reino Unido— y aplauden aquí los izquierdistas trasnochados que no digieren, a estas alturas del partido todavía, la realidad de que las corporaciones extranjeras puedan instalarse en estos pagos sin que ello signifique necesariamente un expolio, una explotación indebida, una sumisión a los poderes del dinero y una pérdida de “soberanía”, palabra, esta última, consagrada universalmente por los populistas de todo pelaje.

Naturalmente, el gobierno de la señora no tiene la menor intención de pagar lo que debe ni de restituir a los inversores —entre ellos Pemex, miren ustedes— la plata que han sacado de sus bolsillos. Pero se ha cuidado bien doña Cristina, en este robo en despoblado, de hacer cosquillas a los inversionistas norteamericanos, poseedores de un porcentaje de la empresa, porque una cosa es hacer populismo a bajo costo (es un decir, el precio de la medida va a ser altísimo para la nación suramericana y constituirá uno de los detonadores del desplome puro y simple de una economía que padece terroríficos desbalances, entre ellos una inflación de 25 por cien anual) y otra muy diferente es agenciarte líos con gente que de verdad te puede romper la crisma.

En fin, ahí van alegremente los argentinos, como escribía yo hace un par de semanas, todos juntitos hacia el abismo. Que no digan, luego, que no fueron avisados y, sobre todo, que no comiencen a repartir culpas fuera de casa.

Román Revueltas/mileniodiario

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