El Barça y su maravillosa ruina

El Barça y su maravillosa ruina

Cuando un estadio tan grande queda vacío tras semejante historia, se vuelve ruina. Coliseo de aquellos juegos, piedra de los caídos. Sin los disturbios que Barça y Madrid causan en su corazón el estadio descansa en paz. Huele a campo, a silencio, se va apagando dejando a oscuras redes, goles. Zonas del área donde hubo futbolistas ahora llenan sombras. Mucha calma, poca luz. Son los minutos fantásticos de un estadio, quizá los mejores. Hay una sensación de lugar, pero irreconocible, sabes que pasaron cosas que ya no puedes ver, es como estar dentro de algo que desaparece. Vuelven allí los jardineros que van tapando huellas de jugadas. Y el guardacampo, que va encerrando en los túneles voces y recuerdos. Los jugadores no suelen volver, pero a veces pasa: por el gol norte del Camp Nou, grada baja sexta fila pegado al córner derecho aparece Xabi Alonso. Solo, sin balón. Bermuda negra chamarra blanca y iPhone 4. La televisión enrolla cables y el periodismo papeles, las noticias se marchan. Alonso ocupa entonces su lugar de aficionado, se sienta en la butaca 26 se coloca los audífonos y escucha Another Sunny Day de Belle & Sebastian, grupo indie del pop escocés: “Rompí el corazón de hombres y flores y mujeres y árboles; otro día de junio elegiremos once para el futbol, estamos jugando por nuestras vidas…”.

Volvió a contemplar los restos del partido, nunca había vencido al Barça de Guardiola, comprobó los hechos. Hizo un peritaje del estadio y repasó su obra, la de un centrocampista integro que en todos los clásicos corrió y luchó sin recompensa. Hasta que llegó una noche y en el gran Camp Nou Madrid salió campeón de Liga. Alonso retrató el momento no el monumento, el estadio vacío era una maravillosa ruina.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

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