El clásico del juicio final

El clásico del juicio final

Tan frágil y dulce como un merengue sobre la sartén, así se derritió la ventaja de un líder edulcorado, al que ni Liga ni Champions habían presentado a los rivales más rancios en los estadios más amargos. Real Madrid convertido en una trasnacional obligada a generar valor para sus accionistas anunciaba hace tres semanas la construcción de un oasis: Real Madrid Island Resort. Su presidente develaba una maqueta cubierta por un hermoso velo árabe, el Madrid tendría su propio paraíso en el Emirato de Ras Al Khaimah (EAU), un edén al futbol en Oriente Próximo. Parque temático, hoteles, fraccionamientos, centro comercial, estadio con vista al Golfo Pérsico y pretemporada asegurada a partir del 2015. El pequeño Emirato es la economía emergente de mayor crecimiento en Asia, atrae a las fortunas occidentales con el encanto y poesía de Scheherazade. Las mil y una noches o Aladino y la lámpara maravillosa, apenas describen la tragedia que el Sultán de Chamartín está a punto de encarnar: José Mourinho es Ali Baba. Ayer recibió al tercero de la Liga, el Valencia aprovechó un espectacular empate a cero goles para mantener su desventaja de 30 puntos con el líder. El Bernabéu miró un gran partido, recibió un equipo serio, indignado con el régimen y dispuesto a quebrar el campeonato. Valencia jugó a favor del Barça, Atlético de Madrid, Athletic Club de Bilbao y Bayern Munich, los próximos anfitriones de un líder que en cuatro visitas puede perder un gran tesoro.

Liga y Champions quizá no valgan tanto como una isla chapada en oro en medio del desierto, pero son y seguirán siendo los activos más valiosos para cualquier club de fútbol. El próximo clásico, 21 de abril en el Camp Nou, será el día del juicio final.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

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