El Presidente de la guerra perdida

El Presidente de la guerra perdida

Nadie lo recuerda, pero Richard Nixon dio por lo menos dos golpes espectaculares durante su gobierno. Uno fue su acercamiento, en plena Guerra Fría, a la China comunista. Otro fue el lanzamiento del New Federalism, un conjunto de medidas sociales, un Plan Marshall para rescatar a los pobres de Estados Unidos –lo estoy simplificando en unas cuantas frases– con enorme impacto en la sociedad norteamericana. Pero eso no aparece en la memoria colectiva. Nixon fue, es y será recordado por un golpe autoritario: el Watergate. En México, Felipe Calderón ha intentado durante seis años imponer un apellido para su mandato. Como lo del “Presidente del Empleo” fue una burla y lo sabe, se ha colocado otros títulos: “El Presidente de la Salud”, “El Presidente de la Infraestructura”, etc. Pero yo no creo que Calderón vaya a escoger su placa en la memoria colectiva. Creo que los hechos ya han marcado su sexenio. Cientos de miles de desplazados por la violencia, miles de desaparecidos y entre 60 y 80 mil muertos en una guerra estúpida. Esa es la herencia, creo yo, por la que será recordado. Y por la corrupción imperante. Y por la impunidad. Un día, la guerra estúpida que lanzó Calderón por razones políticas –sin consultar a nadie y sin prepararse–; esa que evidenció la debilidad del Estado frente al crimen organizado y desató, como consecuencia, una violencia generalizada, quedará en los libros oficiales de texto. Pero eso será dentro de unos años. Lo que sigue para él, para Calderón, es lo que más debería ocuparnos. Pregunto: El primero de diciembre de 2012, ¿simplemente se irá a dar clases a una universidad estadounidense? ¿Se le permitirá formar parte de los consejos de administración de empresas globales? Qué, ¿se le dejará ir a disfrutar una nueva vida en el extranjero, como seguramente intentará hacerlo? Calderón cree que sí se lo permitirán los mexicanos. ¿Y saben qué? Es posible que así sea. Si Enrique Peña Nieto llega al poder con esos volúmenes de votos que hablan las encuestas, yo creo que será casi imposible llevarlo a juicio. Y le dijo a continuación por qué. Quiera o no, su destino está atado al gobierno que viene. Y consciente de que son reducidas las posibilidades de que el PAN conserve la presidencia; consciente de que su futuro está en manos del próximo Presidente, Calderón ha dado “gestos de buena voluntad” con el PRI, que yo calificaría, más bien, como “servilismo preventivo”. Varios gestos. Con la izquierda ni le mueve. Imposible una reconciliación con Andrés Manuel López Obrador: el mismo la ha rechazado. Pero con el PRI, con los que mueven a Enrique Peña Nieto (a la cabeza en las encuestas), ha hecho varios gestos de reverencia que yo no interpreto de otra manera que una negociación de facto para garantizarse un salvoconducto. El gobierno de Felipe Calderón salió en defensa del ex presidente Ernesto Zedillo, acusado por la masacre de Acteal. El gobierno de Calderón defiende, también en el extranjero, a Ulises Ruiz, el nefasto ex gobernador de Oaxaca. El gobierno de Calderón le hizo un funeral de Estado a Miguel de la Madrid. Este gobierno le ha otorgado el perdón de la omisión a Humberto Moreira, ex presidente nacional priísta, quien tiene varias denuncias en la PGR pero a quien no se ha tocado ni con el pétalo de una rosa. Calderón piensa que portándose bien con el PRI no lo perseguirán. Aún cuando tenga que defender, con el poder del Estado mexicano, a tipos nefastos: ¡Zedillo está acusado en una corte de Estados Unidos de armar grupos paramilitares que cometieron asesinatos! Pues sí. Y eso qué. “Haiga sido como haiga sido”, primero están sus intereses. Lo mismo con Ulises Ruiz, o con Moreira. Qué vergüenza. Mi impresión es que sus gestos tendrán efecto. Que el PRI le tenderá la mano a Calderón, si es que Peña Nieto llega a Los Pinos. Y honestamente no creo que la sociedad civil logrará que se haga justicia, que Calderón responda por este desastre nacional, si el PRI llega a la Presidencia. El PRI, he dicho antes, es el PRI. Calderón ganará su salvoconducto si facilita la llegada de Peña al poder, y si se muestra dispuesto a cooperar, como lo está haciendo. Unas por otras. Así se las gastan unos y otros. Y lo peor no es siquiera eso: que Calderón se vaya impunemente a disfrutar sus vacaciones pagadas. Lo peor es que, mientras él disfruta un posible acuerdo con el PRI –yo no creo que Josefina Vázquez Mota vaya ganar, y con AMLO es imposible que negocie–, miles de familias mexicanas seguirán sufriendo, durante décadas, a causa de una guerra inútil y sin sentido, a causa de un sexenio sangriento en el que nos gobernó un hombre arrogante, casi sin ninguna virtud –como las que tuvo Nixon–, pero con una enorme capacidad para salirse siempre con la suya.

 

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