El selecto grupo de los muertos vivientes

El selecto grupo de los muertos vivientes

Durante muchos años la Unión Europea veía a Noruega como el país marginal que vivía de su proteccionismo. Sí había interés en que perteneciera —en la medida en la que es poderoso y desarrollado—, pero podían vivir perfectamente sin el país de los Fiordos.

Noruega estuvo dos veces a punto de entrar en la Unión Europea a través de dos consultas populares. Sin embargo, los noruegos, por un estrecho margen, decidieron quedarse “aislados”. ¡Bendito aislacionismo! Habría que decir. Si Noruega hubiera pertencido a la Unión Europea le hubiéramos fagocitado todo. Desde la riqueza del petróleo a la de sus mares. Menos mal que esos países sí son democráticos de verdad y no manosean los votos como si fuera un trueque. Eso es algo muy serio y así, lo vive el noruego que es adusto y riguroso.

Noruega tiene hoy el segundo salario medio más alto del mundo, con tres mil ochocientos dólares; sólo por debajo de Luxemburgo. La economía crece casi un 5 por ciento cuando eso, en Europa, todavía tardaremos años en verlo. El porcentaje de desempleo se sitúa en el 2.4 por ciento —en España estamos en el 23 por ciento y subiendo—. Hay trabajo para todo el mundo, incluso para los inmigrantes que llegan en miríadas procedentes de los países bálticos, Polonia, España y, desde luego de Medio y Lejano Oriente. Los reciben con los brazos abiertos. Saben que ellos, los inmigrantes, ayudan al crecimiento del país.

La inflación ronda el 2 por ciento. Eso sí, los impuestos directos e indirectos están por todos lados. Hay tasas para la compra de casas, de carros, de alcohol, de comida. Incluso impuestos por el consumo de televisión o la gasolina, algo extraño para un país podrido de petróleo. No olvidemos que un litro de gasolina, en el país del maná negro cuesta nada menos que 2.50 dólares.

Capítulo aparte sería hablar del petróleo con las centenares de simas marítimas, de cuyas perforaciones aparece el oro negro como de las ubres de las vacas sale la leche.

Y para cerrar el círculo del desarrollo, todos los árboles que se talan del pulmón de Europa se vuelven a plantar y además, por escolares a los que les pagan.

Hay ahora una disputa por el hallazgo de grandes bolsas de petróleo en el Círculo Polar Ártico. Estados Unidos, Rusia, Islandia, Dinamarca y Noruega, todos dicen que les pertenece. Sin embargo los noruegos vetaron a Rusia en el derecho a esquilmar petróleo. Todo ello en un organismo en el que confluyen los países que colindan con el Polo Norte. Ahí se ve la legalidad de los países del norte de Europa.

Por eso la entrada de Noruega en este Viejo Continente que se muere sería un balón de oxígeno, un caramelo para el niño que sabe que jamás se va a hacer mayor. Y es ahora, más que nunca, cuando Noruega rechaza de plano pertenecer al “selecto grupo de los muertos vivientes”.

Bendito proteccionismo, siguen diciendo estos nórdicos que no hacen sino enseñarnos cómo se practica la política de verdad, cómo se cuida al ciudadano, cómo se gobierna para él.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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