Entre todos la mataron y ella sola se murió

Entre todos la mataron y ella sola se murió

Cuando la desesperación es mayor que la lucha por la vida, uno se pega un tiro. Eso es lo que le ocurrió al farmacéutico jubilado Dimitris Christoulas. Ocurrió en fechas recientes. Tomó el metro y llegó al corazón de Atenas. Allí, con un mensaje en su bolsillo con ponzoña y aires de revolución, recordó que hay que vivir con dignidad, con un salario oneroso y que no se puede llevar a un país a la bancarrota. Luego, se pegó un tiro en la sien. Entonces empezó lo que, tal vez ya no se pueda para en Grecia: una revolución que cada vez es menos silente y que clama y reclama a la clase política una vida más digna.

Hay desempleo. Todo está por las nubes. Les han bajado el salario.

En el mejor de los casos se les ha congelado. Los jubilados griegos no cobran o cobran una miseria que no se corresponde con el sacrificio de tantos años de trabajo. Grecia vive de la caridad de una Europa que cada vez se cuestiona más la permanencia del país heleno en la Unión. Se la empieza a ver más como un lastre que como una ayuda. Es un pozo sin fondo donde hay que echarle agua permanentemente.

La diferencia entre el farmacéutico griego y el joven ambulante tunecino que se quitó la vida inmolándose al final del 2010 y que fue la chispa de la primavera árabe, es la libertad y la dictadura. Para el segundo la libertad hubiera sido novedosa. Pero cuando los gobiernos aprietan las gargantas de sus ciudadanos hasta asfixiarles, entonces ya no caben excusas ni de libertad ni de manifestaciones. La gente quiere primero comer y no morir de inanición o en la pobreza más absoluta, incluso si hay libertad. Además, la libertad no puede permitir que los países se mueran por su pobreza.

Eso es lo que ocurrió en Túnez y en otros países de África. Eso mismo, salvando las distancias, es lo que empieza a pasar en muchos países europeos. Grecia es la punta de lanza pero no es el único al que miran los mercados como si fueran tiburones.

Los helenos no son sino granos infectados. El problema radica en España. Representa la cuarta economía europea. Sin embargo, los mercados se la quieren comer. La prima de riesgo ha vuelto a dispararse y la bolsa cae y cae y se vuelve a caer. El presidente Rajoy ya no sabe de dónde ahorrar y cómo chuparle más la sangre al españolito que sólo gana para pagar, pagar y seguir pagando. Eso si hay suerte y uno tiene trabajo. Además tampoco ayuda el hecho de que haya casi seis millones de desempleados, un 23 por ciento de la población activa y once millones de pobres.

Entonces llegan los mercados y concluyen que quieren dejarnos caer. Pero sale Merkel y Draghi y tantos otros y dicen que Spain is different, que no se puede caer porque si cae España se cae el resto de Europa.

En fin, palabras, palabras y más palabras hasta la extenuación mientras los españoles se han empobrecido y caminamos por un sendero muy sinuoso, cercano a Grecia.

Total, que entre todos la mataron y ella sola se murió.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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