Esquela por un poeta

Por: Salvador Camarena | 02 de abril de 2012

Guillermo
Foto de El Informador, diario de Guadalajara, Jalisco.

Este lunes de semana santa los periódicos mexicanos amanecerán con esquelas por el fallecimiento de quien fuera presidente de este país de 1982 a 1988. En honor a Miguel de la Madrid Hurtado, que así se llamó ese mandatario, habrá además un amplio despliegue de cobertura periodística y algunos pomposos actos. Pero el destino quiso que este fin de semana también falleciera un poeta y traductor mexicano: Guillermo Fernández, nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1932, y que el sábado fuera encontrado asesinado en su domicilio de la ciudad de Toluca, a 60 kilómetros de la capital mexicana.

A través de las redes sociales, diversos literatos se lamentaron del fallecimiento de Fernández. Subieron a la red distintos materiales periodísticos para recordar al que es considerado uno de los mayores traductores de la lengua de Italo Calvino y Cesare Pavese.

En este enlace sobre una antología de poesía jalisciense se incluye este verso de Guillermo Fernández:

I
YO SOY LA SOLEDAD EN CRECIMIENTO
la sola cuerda en una sola lira,
la afilada presencia que conspira
contra el paso del día bajo el viento.

Surtidor de un secreto movimiento,
sobrevivo a la luz. En mí respira
la vida eterna de la noche y gira
la quietud indecible de su aliento.

He venido a olvidar aquella espuma
que vio la transparencia de la nada.
No me importa saber lo que consuma
el bullicio del día que se dora
en coágulos de vida abandonada.
Solitario en el bosque y en la hora.

Ahí mismo, se dice que “la poesía de Guillermo Fernández se distingue por la condición perdurable de sus imágenes y por cierta suntuosidad verbal que en ocasiones toca las superficies desaforadas del delirio, como en una suerte de pérdida de control que termina siempre por convertirse en triunfo sobre el material vital que la sustenta. Sus poemas en prosa preceden de alguna manera a buena parte de las corrientes experimentales de poetas de generaciones posteriores a la suya”.

De su obra, que ronda la veintena de títulos, el Fondo de Cultura Económica publicó hace poco Exultorio, poesía reunida 1964.2003. En el sitio de Luvina, la revista literaria de la Universidad de Guadalajara, hay un texto sobre Fernández y su ejercicio como traductor:

A mí me gusta repetir que la traducción es un mal necesario. Además, lo digo: no creo en la traducción. Yo he dicho que en lugar de poner «traducción» hay que poner «versión». ¿Cómo le haces para traducir a Sandro Penna? Sandro Penna que es tan musical, con un lenguaje tan sencillo. ¿Cómo le haces para traducir a Leopardi? Leopardi es una maravilla en italiano. Aunque cuides el ritmo, pasan espectros de los poemas. Pero tenemos que leer las traducciones, qué le vamos a hacer. Cuando dicen «Qué buen traductor es fulano», yo digo: «Di que te gustó ese libro, a lo mejor es pésimo traductor, pero es muy buen prosista, que son cosas distintas». «No, él domina el alemán», afirman, pero no hay quien domine un idioma en este mundo, ni Cervantes lo dominó; además no se trata de dominar, si no somos Alejandro de Macedonia ni Julio César: el traductor es el criadito, el porterito de noche de los textos, uno es el servidor.
    Yo trato de ser muy literal, lo más posible. He visto las traducciones que hacen de los sonetos de Shakespeare: son poemas distintos. El tema parece que es el mismo, pero no. Además no todos percibimos una palabra de la misma manera. La palabra casa para alguien puede ser algo desagradable y le trae malos recuerdos, pero para alguien más puede ser sumamente agradable: oímos casa y además no la oímos igual todos, unos la oyen de manera más aguda, más llana, quién sabe; una misma palabra no quiere decir lo mismo, y eso lo vemos en la traducción. Ahora, más que con la traducción en sí, estoy muy entretenido con la filología, ahora siempre quiero saber de dónde vienen las palabras, cuál es la raíz. Lo bueno de ser traductor es que la traducción te enseña a conocer mejor tu propio idioma, sobre todo si se trata de lenguas romances: el italiano, el francés. Disfruto mucho, hay veces que me levanto a las tres, cuatro de la mañana porque quiero saber cuál es el étimo de la palabra, de dónde viene.

De entre los textos que este fin de semana fueron rescatados de bodegas virtuales por distintos cibernautas para recordar a Guillermo Fernández también estaba este de un sitio llamado El Sonido 13:

“Me sorprende la vitalidad, el buen humor del poeta Guillermo Fernández cuando llega al salón de los espejos de la FLM. Guillermo es un hombre que pasa de los sesenta años pero hay una vitalidad en su mirada, en la forma como sonríe cuando dice que no sólo ha traducido a Ungaretti, a Montale y a Luzi, sino también a Berlusconi. Lleva en la bolsa del pantalón un pañuelo azul que extrae cada que va a limpiarse las narices. De la bolsa de su camisa sobresale un estuche para anteojos.

“Es jueves y un aire frío pasa por la ciudad y se adhiere a las ventanas. Hernán Bravo le da la bienvenida a las instalaciones y después cede la palabra a Luis Jorge Boone, quien tiende un puente entre nosotros y el poeta al hacer alusión a su trabajo como traductor, a su voz poética al decir: ‘Máximo traductor de la literatura italiana a nuestra lengua, coordinador de talleres, rendido lector de Cernuda, poeta no de culto sino oculto, Guillermo Fernández escribe poemas porque, afirma, es lo más cerca que puede estar de crear música'”.

El texto, firmado por Antonio Ramos, concluye con dos líneas que parecen recobrar vigencia ahora que se ha conocido la muerte de Guillermo Fernández en el mismo fin de semana que un importante político:

“Al finalizar la charla Guillermo nos dice su teoría sobre la proliferación de nuevos poetas. Son como los batracios, dice, en agosto salen como ajolotes, para septiembre ya publicaron su primera plaquette. Para noviembre ya tienen su primer premio y en marzo, son funcionarios culturales.

“Nos reímos todos pero al terminar la charla queda en el aire esa sensación de naufragio cuando el poeta parte, cuando nos deja con la sensación de estar en la hora y el sitio cuando la poesía se ha marchado”.

http://blogs.elpais.com/contando-america

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