¿Estamos curando el cáncer?

¿Estamos curando el cáncer?

Un buen amigo se dedica profesionalmente a buscar una cura para el cáncer, aunque él, se lo adelanto, añadiría infinitos matices a esta afirmación. Se llama Sergio Pérez Acebrón, es de Barakaldo y vive en Heidelberg, una pequeña ciudad alemana repleta de universitarios y científicos. Trabaja en el German Cancer Research Center, uno de los centros más punteros del mundo en investigaciones sobre el cáncer.

Cada vez que tiene unos días libres viene a Euskadi y yo siempre bromeo diciéndole que no pierda el tiempo de vacaciones, que su trabajo y el de sus colegas es uno de los más importantes del mundo. Él me recuerda que, además de importante, es extraordinariamente complejo. De ahí que una de las cosas que más le molestan sea la periódica dosis de optimismo que los medios de comunicación despliegan cuando hablan de su especialidad. Cada cierto tiempo, periódicos y televisiones lanzan a la opinión pública titulares donde la palabra ‘cáncer’ y la palabra ‘cura’ tontean alegremente con poco o ningún rigor. La culpa, me dice, es también de ciertos científicos que, quizá en busca de notoriedad, emborrachan sus avances, los grandes y los pequeños, con una buena dosis de futuribles.

Hace unas semanas, por ejemplo, leíamos que el Centro de Inmunología Molecular de La Habana ha desarrollado una vacuna contra el más asesino de los cánceres, el de pulmón. Meses antes llegaba una noticia parecida, esta procedente del Instituto Roswell (Estados Unidos). Ambas vagabundeaban entre la imprecisión y la mentira, dependiendo de la efusividad del periodista.

Vayamos ahora a la pregunta que da título a esta columna: ¿estamos curando el cáncer? Sergio me dice que sí basándose en un dato fácilmente comprobable: “La supervivencia aumenta cada día”. Eso no quiere decir, me temo, que estemos en vísperas del ansiado titular. Quizá nunca se produzca ese titular. Quizá la victoria llegue a través de una sucesión de pequeñas victorias. El cáncer, me dice Sergio, no es una enfermedad, sino muchas. Los avances, por tanto, deben ser numerosos.

Colaborar en la cura del cáncer no solo me parece uno de los más importantes trabajos, sino también uno de los más complejos y gratificantes. Son miles de personas las que se dedican a ello a lo largo y ancho del mundo. Yo conozco a una. Y, me consta, hace horas extras.

José A. Pérez/http://ciencia.elcorreo.com/firmas

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