Homeopatía letal

Homeopatía letal

En Australia y el mundo causa revuelo un caso espeluznante de negligencia médica: la dolorosa muerte de Penélope Dingle, ex modelo y actriz, por un cáncer colorrectal mal atendido.

Dingle hubiera podido curarse de esa enfermedad de no haber confiado ciegamente en una homeópata, Francine Scrayen, quien durante más de un año la convenció de no recurrir a la medicina científica, basada en evidencia, y le prometió sanarla.

Hoy Scrayen enfrenta demandas por negligencia criminal… y amenaza con demandar a quienes denuncian en los medios su prácticamente letal irresponsabilidad.

Escribir sobre este tipo de seudociencias médicas es una labor muy ingrata para un divulgador científico. Sin embargo, hay datos certeros para calificarlas de fraudes, y razones poderosas para combatirlas.

1) La homeopatía no cura. Todos los estudios médicamente rigurosos demuestran que no tiene más efecto que una sustancia inocua. El valor anecdótico de quienes afirman haberse curado es tan médicamente válido como el de quienes afirman haberse curado gracias a la virgen María: nulo.

2) Las bases de la homeopatía —la ley de los semejantes y el uso de diluciones infinitesimales— van contra todo el conocimiento químico actual. Un medicamento cura debido a la estructura de sus moléculas, no a indefinibles “energías”. Por tanto, su efecto disminuye, no aumenta, al diluirlo. Igualmente, una sustancia que causa un efecto no puede usarse para combatir ese mismo efecto. Todo esto ha sido comprobado repetidamente. Quien afirme lo contrario, o es deliberadamente ignorante o miente.

3) La homeopatía muchas veces sí daña. De forma directa, con medicamentos sin control legal que llegan a incluir sustancias tóxicas en concentraciones dañinas. Pero también indirectamente, promoviendo el uso de remedios inútiles y fomentando la desconfianza del público en la medicina científica, cuyos resultados son, si no infalibles, claramente comprobables.

No hay duda: permitir que charlatanes irresponsables como Scrayen sigan ejerciendo impunemente, promoviendo su seudociencia y fomentando el abandono de terapias que sí ofrecen posibilidades reales de salvar vidas es criminal. No se trata de ideología, sino de ciencia que salva vidas.

Martín Bonfill/mileniodiario

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