Kirchner

Kirchner

Kirchner era su marido, que en paz descanse. Ella, por lógica, se apellidará de otra manera. Interesante enigma. He visitado Argentina en varias ocasiones. Esa nación es una fábula. Si yo fuera argentino con influencias, organizaría una reunión en Buenos Aires con la cumbre de la inteligencia mundial. «Señores. Nuestro país es de los más grandes y ricos del mundo. También de los menos poblados. Con nuestra riqueza básica, otros Estados tendrían cubiertas las necesidades elementales de todos los argentinos. Pero algo no funciona desde que nos independizamos. Tenemos la ciudad más europea de América, y por ese detalle tan absurdo, nos sentimos orgullosos. Tenemos el mayor porcentaje mundial por kilómetro cuadrado de filósofos de peluquería. Tenemos desde la selva subtropical de Misiones hasta los hielos de Ushuaia. Minerales, yacimientos petrolíferos, una riqueza agrícola y ganadera imposible de igualar. Tenemos oro, plata, bronce y cobre. Tenemos un nivel cultural en nuestra ciudadanía admirable, si bien más superficial que profundo. No conocemos las trifulcas territoriales, y hemos sido, durante decenios, la envidia de América. Brasil, nuestro vecino, también es rico, pero su población es mucho más alta y las diferencias sociales y económicas de sus gentes son lacerantes. No obstante, se han puesto a trabajar, han convencido a los inversores extranjeros, y teniendo un Gobierno ligado con el Partido de los Trabajadores, el Capital confía en sus políticas. Y Chile, nuestro despreciado país fronterizo, larguirucho y prepotente, con menos riquezas que las nuestras pero mucho mejor administradas, también nos aventaja en todos los órdenes. ¿Qué nos sucede a los argentinos que no sabemos explotar y administrar las riquezas incomparables de nuestro país? ¿Hemos robado demasiado y guardamos el dinero en Estados Unidos o Europa? ¿Cómo es posible que mantengamos vigentes las demagogias de un peronismo –y Perón fue un ladrón, como los demás–, que nos ha arruinado a todos? La primera mujer de Perón nos abrió el camino de la ruina; la segunda nos arruinó y abrió las puertas de la Dictadura Militar, previo dominio urbano y rural de los Montoneros. Y ahora nos viene otra tercera esposa, –Kirchner era otro Perón–, que ha decidido llevar el sinsentido hasta lo más alto, humillar a los inversores extranjeros que han ayudado a levantar lo que nosotros no supimos hacer y a enarbolar de nuevo la Bandera de la Patria herida con Las Malvinas, para distraer a los argentinos –como hizo Galtieri–,de problemas mucho más acuciantes. No obstante, con las riquezas de Argentina sobre la mesa creo que no me equivoco si afirmo, que después de décadas de gobernantes ladrones, de patrioterismos baratos, de abusos de autoridad, de conflictos creados por nosotros mismos, Argentina sería aún una de las naciones más poderosas del mundo si los argentinos tuviéramos el don de la autocrítica en lugar del vicio de la autocomplacencia. Tenemos que expropiar a los inversores extranjeros porque carecemos de liquidez, cuando Argentina es la liquidez por definición. El dinero nace libre de nuestra piel como los pastos, como el trigo, como el ganado. Todas las riquezas del mundo se reúnen en nuestro mapa, y tuvimos que inventar el «corralito». Nos llegó el dinero de fuera para explotar lo que nosotros no supimos hacer, y ahora, cuando es rentable, decreto al canto y expropiación forzosa, mientras vemos cómo Brasil y Chile se pierden de vista en la ventaja. ¿Qué nos pasa a los argentinos?

Alfonso Ussía/larazon.es

Deja un comentario