Lasaña ligera de espinacas

Por: Mikel López Iturriaga | 03 de abril de 2012

Lasaña ligera de espinacas
Animalitos de África mirando una lasaña. / EL COMIDISTA

 

Aun a riesgo de que la parroquia italianófila se me ponga en pie de guerra, diré que las lasañas no me ponen en exceso. No sé si es porque me llenan al tercer bocado, o porque casi siempre que las he tomado en restaurantes han sido una masa blandurria con kilos de queso y bechamel, pero es un plato que no me apetece pedir nunca. Y eso siendo un fans furibundo de la pasta y de la cocina italiana en general. Quizá suceda como con la tortilla de patata o las croquetas, que es tan difícil comerlas buenas fuera de casa que uno ya desiste.

Sin embargo, tras años de alejamiento el uno del otro, la lasaña y yo nos reencontramos en casa de una amiga el otro día, durante el encuentro semanal para ver a nuestros muy añorados tróspidos. Ella (la lasaña, no mi amiga) iba un poco en plan vegetariana, sin un gramo de carne y exhuberante de espinacas, pasas y queso fresco. No se parecía en nada al plato denso y empalagoso que había conocido, por lo que la devoré con enorme deleite. Fue una reconciliación maravillosa que me llevó a quererla otra vez, y a desear compartir su receta con vosotros.

El secreto para triunfar con esta lasaña consiste en usar espinacas frescas, soltarse con las pasas y, sobre todo, que la bechamel que usemos sea ligerita. Es decir, con una proporción alta de leche por cantidad de roux (mezcla de mantequilla y harina). Por si a alguien se le pasa por la cabeza comprar bechamel de bote, informo de que cada vez que alguien la usa Dios mata un gatito enharinándolo y friéndolo en grasas hidrogenadas.

Dificultad

Para informáticos y vírgenes.

Ingredientes

  • 1 paquete de 20 placas de lasaña precocida

  • 1 kg de espinacas frescas

  • 1 cebolla grande

  • 100 g de pasas sin semilla

  • 300 g de queso fresco

  • 100 g de queso emmental rallado

  • 750 ml de leche entera

  • 40 g de harina

  • 40 g de mantequilla

  • Nuez moscada

  • Aceite de oliva

  • Pimienta

  • Sal

Preparación

1. Precalentar el horno a 180 grados.

2. Saltear las espinacas en dos tandas en una sartén con un poco de aceite de oliva hasta que pierdan volumen. Retirar del fuego, añadir las pasas y el queso fresco desmigado y reservar.

3. Picar la cebolla fina y poner a calentar la leche en un cazo.

4. En una cazuela mediana, pochar la cebolla con la mantequilla y un chorrito de aceite a fuego suave unos 10 minutos, hasta que esté translúcida. Añadir la harina, remover y dejar que se haga a fuego muy lento otros 10 minutos. Incorporar la leche bien caliente removiendo con una cuchara de madera hasta obtener una bechamel ligera. Salpimentar y sazonar con nuez moscada rallada al gusto.

5. Untar la base de una fuente de horno mediana con un poco de bechamel. Poner la primera capa de pasta y encima la mezcla de espinacas. Cubrir con bechamel, poner la segunda capa de pasta y repetir la operación terminando con pasta.

6. Espolvorear con el queso emmental y un poco de pimienta y hornear unos 25-30 minutos. Cuando esté dorado y la pasta blanda, sacar y servir.

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