Los medios como promotores religiosos

Los medios como promotores religiosos

La visita del papa Benito XVI a México fue todo un espectáculo. Sirvió para calibrar muchas cosas: la actitud de la gente, la posición del Episcopado católico frente a temas espinosos como el de la pederastia y sus víctimas, la reacción de la clase política y de los candidatos en virtual periodo electoral, el papel de los empresarios, el de los medios de comunicación, la influencia política del Vaticano y la solidez de lo que llamamos el Estado laico en México. Muchos temas que requerirán atención y seguimiento en los próximos meses. Uno de ellos es el del papel de los medios en relación no sólo con esta visita, sino en general frente al tema religioso, ya que, si bien es un hecho reconocido que los medios de comunicación, sobre todo los electrónicos, tienen una gran influencia en la actitud y comportamiento de la gente, poco se ha estudiado acerca de la relación que tienen con las creencias y las instituciones religiosas.

En la práctica, las dos grandes televisoras nacionales, Televisa y Tv Azteca, funcionan como las mejores promotoras del catolicismo en México. No son neutrales en materia religiosa. Tampoco reconocen la creciente pluralidad religiosa en el país. No sé si sus dueños o dirigentes alguna vez lo hayan pensado, pero ignoran a los alrededor de 20 millones de mexicanos que no son católicos y que resienten lo que en la práctica es un política de proselitismo confesional. Bajo el pretexto de “preservar nuestras tradiciones”, o de “reconocer las creencias de la gran mayoría”, se comportan como activas promotoras de “valores”, los cuales terminan curiosamente identificándose con los que empuja la jerarquía católica. En muy contadas ocasiones se hace espacio a la crítica, por más fundamentada que ésta se presente. Se privilegia el sentimentalismo y la emoción frente a los símbolos religiosos y se evita cualquier análisis que pueda eventualmente “herir los sentimientos” del clero o de la gente.

En algunos lugares se raya en la discriminación y la idolatría. En Televisa Chapultepec, por ejemplo, hay a la entrada, como símbolo de no sé qué, la silla en la que se sentó Juan Pablo II. Yo me imagino que en esa empresa, por simple estadística, trabajan personas de distintos credos y ciertamente muchos librepensadores, agnósticos y ateos. Y sin embargo, con esa silla la empresa se presenta como católica. Hay por lo tanto una no tan intangible presión para que la gente que allí trabaja se declare católica, o por lo menos creyente en algo. Cosa que por lo demás se ha puesto de moda entre la gente del medio artístico. Hablar de Dios o darle gracias a Dios se ha convertido en el mejor sistema para no decir nada y para “quedar bien” frente a las cámaras.

Y Tv Azteca no se queda atrás. Su programación está impregnada de motivos eclesiales y de “comentaristas” proveniente del clero católico, con inconfundible presencia de Legionarios de Cristo, aunque en general estén a la baja. No hay el menor asomo a la crítica y el análisis serio. Mucho menos a una visión que fortalezca la idea de una sociedad con creciente pluralidad en materia de convicciones religiosas y espirituales y, por lo tanto, de la necesidad de una gestión que la reconozca, así como la diversidad de preferencias éticas y de vida.

El mejor ejemplo de la promoción religiosa que hacen gratuitamente las principales televisoras es el 11 de diciembre por la noche, cuando ponen todos sus recursos para “festejar” a la Virgen de Guadalupe, empujando una visión emotiva y cursi de la religiosidad popular. Los comentarios de los “comunicadores” sólo compiten en superficialidad y vacuidad con los de la noche del 15 de septiembre. Siempre me he preguntado si todos estos recursos promueven más que reconocen una determinada forma de practicar esa religiosidad.

La reciente visita del papa Ratzinger a México fue (salvo honrosas excepciones como los esporádicos intentos de López-Dóriga y Loret de Mola, o los de MILENIO Tv para hacer algún análisis) nuevamente una muestra de la incapacidad de la mayor parte de los medios para entender el sentido de una visita, de comprender los símbolos político-religiosos, el lenguaje utilizado y sobre todo, las consecuencias de la misma. Todo quedó en la emoción de la gente, en mostrar que somos un pueblo muy hospitalario y fervoroso y en fomentar una supuesta afinidad del Papa con México. Nada se dijo sobre qué representa este tipo de religiosidad, qué impacto político va a tener esta visita papal, qué piensan los propios católicos sobre las posturas de la Santa Sede en materia de educación sexual, o de derechos de los homosexuales, la anticoncepción, el aborto o la eutanasia. Pocos discutimos acerca de las razones esgrimidas por el Episcopado mexicano y el propio Vaticano para no recibir a las víctimas y nadie, que yo sepa, les hizo un espacio a las mismas.

Las anteriores circunstancias me llevan a pensar en cuál es el sentido de un servicio público como el que deben ofrecer las concesiones de las que gozan las televisoras y si la ausencia de una reforma no está realmente beneficiando a la única Iglesia en México que es la que, cuando así lo desea, tiene acceso gratuito a los medios electrónicos. Si vamos a traer la religión a los medios, hagámoslo en serio.

Roberto Blancarte/mileniodiario

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