Lujo

Lujo

Meditación para San Jueves: en este momento existe en España una loca demanda de empleo por parte de una determinada peña. Hay hostias y se hacen trampas para alcanzar la condición de patrón de yate. Como lo ven.

Cómo estará el asunto que hasta Dani Pedrosa se metió en unos exámenes truchos para conseguir el título por la filosa. Como el muchacho ha pedido perdón por eso (de lo de residir en Suiza, ni pío), no voy a ahondar en la herida del piloto de Honda (esta Semana estoy tocada por la Gracia), sino a centrarme en el hecho de que pinchas en Google y hay cantidad de competencia para convertirse en eso. O sea, que aunque ni ustedes ni yo lo notemos, y pese a las tremendas restricciones que el nuevo-antiguo régimen ha dejado caer sobre los ricachones, resulta que tenemos yates de lujo hasta en el cielo del paladar. Y eso contando con la crisis Urdangarin, que supongo que no llegará la sangre a la regata, entre otras cosas porque Azur de Puig cuenta también con una excelente línea de desodorante.

No debemos preocuparnos por la avalancha de malas noticias, pues. Esta servidora de ustedes se propone abrir cada mañana —después de haber escuchado la radio y momentos antes de agarrar The Economistpara serrarme las venas— la entrada lujo en la página Google. Casi dos millones de sitios, en 0,24 segundos, lo cual sí que es un milagro y no lo de los panes y los peces, no digamos ya la transustanciación.

Nuestros cinco millones de desempleados del tipo común tirando a nada podrían, si se refinaran, transustanciarse haciéndose un sitio como conductores de limusinas, vigilantes de mansiones, prostitutas/os de alto standing y agitadores de dry-martinis en cubierta de embarcaciones suntuosas. Pero como los pijillos sigan haciendo trampa lo tienen crudo.

Maruja Torres/elpais.es

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