Pilatos

Pilatos

En estos días me gusta recordar, porque se vincula con la política, el libro de Ann Wroe: Pilatos. Biografía de un hombre inventado (ed.Tusquets). El libro es un viaje por todas las posibilidades del origen del famoso funcionario romano que decidió la ejecución de Cristo. Son pocos los datos ciertos que se tienen de este hombre cuya lavada de manos es la más famosa de la historia. Ya en otras ocasiones he comentado en este espacio la siguiente anécdota, que tiene que ver con los ancestros del conocido hombre de la duda, y tiene que ver también con la capacidad política de tomar decisiones. Así va:

“Cuando Gavio Poncio atrapó al ejército romano en las Horcas Caudinas, su placer fue tan inmenso que ni siquiera pudo pensar qué haría a continuación. Así, envió a un mensajero con la orden de pedirle consejo a su anciano padre, Herennio, el hombre que había hablado con Platón.

—Suéltalos ilesos —dijo el padre.

Pero Gavio rechazó ese consejo.

—Entonces, mátalos a todos.

Pero Gavio también rechazó esta idea y le pidió a su padre que fuera a aconsejarles personalmente; Herennio se hizo llevar al campamento en carro. Allí como el viejo tozudo que era, se limitó a repetir su consejo. Salva a estos hombres y serán nuestros poderosos amigos; mátales, y debilitarás a los romanos por generaciones. No había, dijo, “tercer plan”.

No obstante, Gavio y los demás jefes samnitas le exigían uno. ¿Qué sucedería, preguntaron, si optaban por una salida intermedia? Que los romanos se vayan sanos y salvos, pero imponiéndoles algunas condiciones. Herennio no les prestó atención. “Esa es una política”, dijo, “que ni sirve para ganar amigos ni para quitarse de encima a los enemigos”.

Tras estas deliberaciones, enviaron al anciano de vuelta a casa. Gavio Poncio expuso a los romanos su tercera vía: les garantizó la vida y paz, pero cada uno de ellos tendría que pasar bajo el yugo, desarmado y vestido únicamente con una túnica. Difícilmente iban a soportar los romanos semejante humillación, pero no les quedó otro remedio que pasar bajo el yugo mientras sus enemigos les insultaban, antes de dejarles, desnudos y llorando, en la ruta de Capua.

Sin embargo, se tomaron la venganza tal como Herennio lo había predicho, la solución intermedia no les ayudó a hacer nuevos amigos y sólo sirvió para forjar una paz tan deshonrosa que samnitas y romanos pronto reiniciaron las hostilidades. Poco después los samnitas fueron derrotados y obligados a pasar bajo el yugo, Gavio Poncio entre ellos, quien luego fue paseado en triunfo y decapitado. Su maravilloso compromiso había quedado en nada. “Dejaron que se les escapara de las manos la oportunidad de hacer el bien como el mal”, escribió Livio.

Ahí queda la anécdota histórica que Wroe narra en su libro para ligar como mal de familia la duda ante la necesidad de decidir en situaciones complicadas. Aplica perfecto a nuestra vida pública y sus escasas negociaciones exitosas.

Juan Ignacio Zavala/mileniodiario

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