Sucede cada 50 años

Sucede cada 50 años

Guardiola reconstruyó en 48 horas el Camp Nou, recogió los escombros del sábado y resanó la fachada del Club con las herramientas de un artesano, el milagro de Geppetto. Levantó un estadio en ruinas con la alineación del carpintero. Sabio en madera talló un cuadro con Piqué, apóstol liberal y Cesc, un fraile sin orden. Piqué bautizó territorios en los que Mascherano nunca creyó, mientras el Chelsea alineaba un equipo protestante en el reino de Xavi e Iniesta. Pero entre Lampard y Terry había siglos de convicción anglicana. Los primeros minutos levantaron un acta religiosa del partido: siniestros, exorcismos y pérdidas totales. Piqué, una catapulta humana colisionó en el primer ataque. Terry fue expulsado y Meireles recibió libertad bajo fianza. La noche estaba hecha para los justos, pero se anticiparon los pecadores. El Barça de Guardiola fue vencido por el demonio. Di Matteo, un interino con aspiraciones satánicas encarnó la peor versión de Mourinho y el Chelsea se naturalizó italiano. Al diablo el Barça, visca el catenaccio. La Gran Bretaña naturalizó tropas que defendían como romanas. El futbol de la Champions fue expropiado por los tecnócratas. La última edición del Barça se editó al minuto 19”. Busquets adoptó un pequeño balón nombrando a Xavi y Alexis padrinos, Iniesta y Messi fallaron al bautizo y el resto es una pared contra el hombre araña. Cualquier gol quedaría atrapado en la enredadera. A partir de allí el Barça se volvió un huérfano del futbol en el que sólo confiaba Guardiola, el último Buda del balón, un solitario de la banca. El equipo del siglo entró en terapia intensiva y la Champions lo congeló. Sucede cada 50 años, para ver a este Barça hijos de la chingada esperemos 50 años más.

José Ramón Fernandez  G. de Quevedo/mileniodiario

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