Todos somos Walmart

Todos somos Walmart

El asunto de los más de 24 millones de dólares en sobornos entregados por Walmart México a alcaldes, inspectores y burócratas varios, con el fin de acelerar permisos de construcción, mitigar cuotas por impacto ambiental y congraciarse con juntas de vecinos, hace resaltar un par de variables de interés particular para el público mexicano: si bien la nota del New York Times enfatiza el que los delitos hubieran sido solapados por la empresa, poniendo en duda la cultura ética de la misma, el punto para este lado del Bravo es otro, o más bien son dos: por una parte, el reportaje pone en evidencia el lastimoso estado del periodismo de investigación nacional, donde no solo debemos preguntarnos por qué una historia de reiterada corrupción entre nuestras instancias privadas y públicas sale a la luz en la prensa del país vecino, sino también hacer un ejercicio ocioso: me gustaría ver a nuestros periodistas, sobre todo los que se dicen socialmente comprometidos, sacar de la pieza en cuestión la proporción de adjetivos versus datos duros (citas, documentos y cifras, atribuible todo a nombres y apellidos concretos), y correlacionar los resultados con los de los “reportajes” hechos en casa.

Por la otra, habría que preguntarse si es posible en este país hacer negocios, o cualquier otra cosa, sin recurrir al cochupo. El Times reporta que revisó miles de trámites solicitados por Walmart y que, en cada caso, la aprobación fue otorgada a los días o semanas de haberse recibido la “gratificación”, cuando en esta ciudad de vanguardia levantar una barda ya existente un par de metros le tomó a su servilleta cerca de cuatro meses de trámites infernales. El caso Walmex comenzó a investigarse solo tras la denuncia del ex empleado Sergio Cicero Zapata, quien por años operó los pagos ilícitos hasta que fue despreciado para un ascenso; la empresa argumenta que Cicero fue despedido porque omitió informar que su esposa era socia de la firma de abogados más beneficiada por las labores de “gestoría”, dato que el inculpado niega. La desidia inicial por parte de Walmart ante las denuncias, dice el Times, fue porque México es visto como un país donde “el soborno es parte de la cultura de negocios”.

Esta reflexión no pretende exculpar a Walmart, sino todo lo contrario: lo que asombra es que la indignación ante las corruptas prácticas de la transnacional en México no se haga extensiva al país entero, y el que a nadie se le haya ocurrido aún pedir la cabeza de los funcionarios públicos involucrados.

Roberta Garza/mileniodiario

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