Debate y futbol

Debate y futbol

Se desató enorme discusión por el asunto de empatar el debate de los candidatos presidenciales con un partido de futbol entre los Tigres y el Morelia. Por supuesto que estoy a favor de que el debate se transmita en un buen horario y que lo pueda ver el mayor número de mexicanos que sea posible. Pero entiendo también que no a todos les puede parecer atractivo el programa de los candidatos. Imponerlo equivaldría a recordar los tiempos de La Hora Nacional o cuando a fuerza tenía uno que ver el Informe presidencial en la tele, cosas de esas que pasaban cuando el PRI tenía la Presidencia en este país.

De entrada me parece que el IFE eligió mal el día. Por lo general, la gente el domingo en la noche quiere descansar, recrearse y ver una película, un resumen deportivo, un programa de concursos del tipo quién se denigra más, quien escupe más lejos o alguna de esas estupideces en las que nuestra televisión es vanguardista. Pero esos son gustos y creo que cada quien es libre de tenerlos y no se tiene por qué obligadamente ver un programa de corte político electoral. La opción de hacerlo entre semana era mejor, pero a nuestros consejeros electorales les da por producir e innovar (ahora ellos son los productores, cuando todos los anteriores los hizo la CIRT y salieron muy bien). El que se ponga a ver el futbol será porque de cualquier manera no tenía mucho interés en el debate y si no ve el fut, pues buscará otra cosa.

Considero que la televisora del Ajusco se excedió al menospreciar un evento como el debate que es, ante todo, una práctica democrática a la que los propios medios, como la ciudadanía en general, deben contribuir en la medida de lo posible. El interés de los votantes por quién los va a gobernar es propio de un país moderno y civilizado cuyos habitantes se interesan por el desarrollo de su país, independientemente de sus aficiones deportivas, que no tienen por qué estar peleadas con sus inquietudes ciudadanas. Un país así debe ser del interés de todos, también de los grandes empresarios.

Por otro lado, está nuestra absurda ley electoral, que ya lo he comentado en este espacio, es premoderna, restringe la libertad de expresión, acartona los mensajes con los días que se deben manejar para poner y quitar spots, limita los tiempos de respuesta y logra, por lo general, hacer campañas tediosas y aburridas. De ahí la importancia del debate del domingo como el evento singular de esta campaña presidencial.

Lo que ha sido curioso es la manera en que se esconde Peña Nieto para dar una opinión al respecto. Y claro, es que a él mientras menos gente lo vea, mejor. Tengo la sospecha de que Peña es de los que preferirían ver el futbol.

Juan Ignacio Zavala/mileniodiario

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