Diseño para comer insectos

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Croquetita de saltamontes. / ENTO

 

La idea de comer insectos nos repugna a la mayoría de los ciudadanos del mundo occidental. Aunque devoramos sin problema animales similares -gambas, cangrejos-, pensar en meternos en la boca un saltamontes o una larva revuelve nuestros estómagos. ¿Pero qué pasaría si este tipo de alimento, consumido en buena parte del resto del mundo, se nos presentara de una forma atractiva que no recordara en absoluto a los bichitos en cuestión? ¿Nos negaríamos a aprovechar esta fuente de nutrientes sana, barata y sostenible? ¿O desaparecerían nuestros prejuicios como los que teníamos contra el pescado crudo japonés hace no demasiado tiempo?

Estas son las preguntas que se hizo un grupo de estudiantes del Royal College of Art de Londres antes de lanzar Ento, un proyecto que aspira a convencer a los británicos de que comer insectos es guay. La manera de lograrlo se resume en una sola palabra: diseño. “Cuando existe una resistencia intuitiva contra algo, el diseño es una muy buena herramienta para combatirlo y jugar con las percepciones negativas”, explica a El Comidista Julene Aguirre-Bielschowsky, una de las promotoras. “Se trata de crear un medio amigable que permita a las personas probar la comida y atravesar la barrera del tabú que existe hoy en día en la cultura occidental”. Con estos principios, Ento ha diseñado unos prototipos de comida hecha de insectos en la que no vemos ni antenas, ni ojos, ni alas, sino cubos que parecen croquetas, bandejas estilo sushi o deliciosas miniempanadillas.

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En Ento están convencidos de que el público será menos reacio a comer insectos en formatos aceptables. “Hicimos varias series de experimentos visuales con personas”, recuerda Julene. “Intentamos varios grados diferentes de abstracción, desde galletas hechas con harina de insecto hasta insectos completos. Las opiniones que obtuvimos de este estudio nos ayudaron a formar nuestro diseño. Curiosamente, cuando empezamos nuestro proyecto tuvimos gran dificultad de convencer a la gente de probarlos. Una vez terminado el proyecto, con la marca, recetas hechas, empaquetado y demás, en la exposición donde lo mostramos la gran mayoría de las personas que vieron nuestro standprobaron las muestras sin necesidad de convencerlos verbalmente”.

Los productos de Ento están hechos de saltamontes, grillo picado y gusano de miel. “Mis preferidos son los saltamontes tostados, tienen un sabor parecido a las nueces y con sal y pimienta son deliciosos”, asegura Julene. Todavía no son más que un experimento, pero puede que pronto acaben llegando a las tiendas. “Estamos preparándonos para empezar en verano. Ahora estamos todos acabando nuestro proyecto final de máster, y en Julio podremos dedicarnos nuevamente a Ento. Entonces empezaremos a buscar inversores”. Su plan es empezar a domesticar el mercado con comidas muy alejadas de la estética bicharraca, para acabar introduciendo insectos cocinados con su apariencia original hacia el 2020.

Puede que el proyecto nos parezca una chifladura, pero quizá no lo sea tanto si pensamos que la producción de insectos es ecológica y barata: con la misma cantidad de comida que se gasta en generar un kilo de carne de vacuno se pueden obtener nueve de insectos.Además, son una fuente de proteínas, aminóacidos, hierro y vitaminas de lo más sana. Con la población mundial creciendo y los recursos naturales cada vez más sobreexplotados, ¿podremos vivir mucho tiempo sin acudir a este grupo que constituye el 80% de las criaturas que hay sobre la faz de la tierra?

Como en tantas otras cosas, el país europeo en vanguardia en consumo de insectos es Holanda. En Amsterdam, el restaurante Specktakel incluye platos con bichos en su carta, al parecer con bastante éxito. En la Universidad de Wageningen, científicos investigan cómo producir este tipo de comida de una forma cotidiana y barata. “Si el Big Mac te cuesta 100 y el Bicho Mac, 4, la gente cambiará al Bicho Mac”, ha declarado a la NPR Arnold Van Huis, jefe del departamento de entomología. También se ha publicado un libro de cocina con esta materia prima, e incluso hay una asociación de productores llamada Venik que planea lanzar el primer bocadillo de insectos del mundo.

Personalmente, no sé si me podría comer ni la ensalada con larvas crujientes del Specktakel ni las elegantes croquetas de saltamontes de Ento sin que me dieran arcadas. Casi preferiría tomarlos con los ojos cerrados o sin saber lo que son, porque así los prejuicios no activarían mis mecanismos de defensa. Sin embargo, estoy de acuerdo con Julene en que las costumbres pueden cambiar. “Cada vez existe más curiosidad hacia diferentes tipos de comida, así como más conciencia sobre la procedencia de los alimentos y las consecuencias de nuestra dieta”, señala. “El prejuicio cultural puede ser desafiado. Ya sucedió con el pescado crudo del sushi, que hace 30 años era considerado una barbaridad en Occidente”.

¿Te animarías a probar los productos de Ento? ¿Crees que acabaremos comiendo insectos? Deja tu opinión en los comentarios.

Por: Mikel López Iturriaga/http://blogs.elpais.com/el-comidista

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