La tonteria española

La tonteria española

Tiene todavía la mirada perdida y cansada. Ha estado tres días sin dormir en una pesadilla que le pareció interminable; una pesadilla que jamás imaginó.

La defeña Adela Urban estaba de paso por Madrid. En realidad, viajaba a Italia para realizar un curso de Historia del Arte. Pero el arte se convirtió en las pinturas oníricas y tenebristas de Goya, cuando Adela llegó a territorio español.

Un joven policía la esperaba en la aduana. Le pidió su pasaporte y entonces le espetó la frase mágica.

—¿Dónde está su carta de invitación?

—¿Qué es eso? —le respondió Adela.

En ese instante la condujeron a una sala del Aeropuerto de Barajas. La dichosa carta la piden aleatoriamente, según esté el humor del policía.

Se trata de una carta farragosa y complicada. El residente español invita a un mexicano, si este último no va a quedarse en un hotel. Dicha carta se expide en cualquier comisaría con peticiones que resultan desde obvias a ignominiosas. Hay que presentar las escrituras de la casa, algún recibo o probar la amistad del que invita o el invitado a través de una fotografía. ¿Una fotografía? Pues sí, algo tan absurdo y surrealista como una fotografía. ¿Se imaginan tener que enseñar una foto de mi suegro y mi familia cada vez que nos visita? Sería una auténtica vejación para el doctor Arredondo y para mí mismo.

Adela cuenta una historia de terror. Narra cómo le despojaron de sus pertenencias, de su móvil o de su computadora y con la amenaza de retacharla. Luego, en la noche cuando todos —porque había decenas de rechazados en esa sala— estaban cenando, Adela explica cómo varios policías golpearon a un rumano. Dice que había un niño y que todo lo vio, porque lo hicieron sin vergüenza.

Lo cierto es que, solo el pasado año, más de trescientos mexicanos no pudieron entrar en España por dicha carta. Y no hay derecho. Es una injusticia a la que hay que meter mano. Si algo tiene el mexicano que llega a España como turista, es que deja sus buenos emolumentos, sus suculentas propinas en un país que camina hacia una bancarrota. No es de recibo que una nación como México, que durante años ha sido un ejemplo con España, tenga ahora que sufrir estos desagravios.

No hay más que recordar al general Cárdenas y a los niños de Morelia y a los miles de españoles que llegaron con una mano adelante y otra atrás. No nos acordamos cómo hace pocas semanas, México sacó pecho en su defensa a España cuando Argentina tomó la decisión de nacionalizar la petrolera YPF. En fin, mientras tanto España lo agradece con unos requisitos para ingresar en el país que carecen de sentido. Y carecen de sentido porque nadie en su sano juicio viene hoy a España a trabajar, más bien al contrario. Son los españoles los que emigran como en los años 60, a buscarse las habichuelas porque aquí, ya no hay nada que rascar.

¿Cuándo se acabará esto? El día que retachen a un español en el Aeropuerto Benito Juárez. Ese día se acabará la tontería española.

Alberto Pelaez/mileniodiario

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