Marca de País.

Marca de País.

Hace bastantes años las marcas con sello de calidad de pais se vendían bastante bien. Supongo que un tiempo antes de descubrir que nuestro planeta es pequeño. “Es un producto americano”-y eso se decía abriendo los ojos como si tanta modernidad no pudiera entenderla el españolito de a pie. “Es un invento japonés”-y sabíamos que tendría botones y alguna pantallita. “Es un coche alemán” y no hacía falta que fuera más austero que la vida de postguerra de mi abuela.

Luego lo convertimos en un “Es un producto chino”-con lo que sabíamos que era un horror muy barato e incluso “un producto italiano” resultaba ser de diseño pero mal acabado. Desconozco, porque supongo que no me va a gustar, lo que “un producto español” podría llegar a significar en el resto del mundo (si es que no era una figura de sevillana o un toro con torero para poner encima de la tele de tubo)

Después los productos fueron continentales: “producto europeo”, “producto asiático”, “producto americano” (eliminando en “americano” la parte de América del Sur)

Con el baloncesto y con el cine se puede ejemplificar.

El cine europeo es lento, sesudo, gris.

El baloncesto europeo es inteligente, con cambios de ritmo y hasta complejo.

En EEUU las estrellas saltan mucho, hacen ruido y estoy convencido que terminarán poniendo fuegos artificiales en los marcos de las canastas para que se activen con algún mate desde la línea de tiros libres que, aunque vale lo mismo que meterla con una sosa bandeja, parece que cuenta como siete porque 5 son de espectáculo.

El cine americano tiene que tener unos cuantos tiros, un par de coches rotos, una venganza ciega, un retorno de la justicia y hasta un equilibrio moral mientras ondea la banderita al fondo como si fuera el colofón adecuado a dos horas de entretenimiento que mañana habremos olvidado.

Según van pasando los años todos esos conceptos, desconozco si es por mi propia madurez o porque empieza a aburrir tanta tontería, se han ido difuminando. Algunos van a espectáculos profundamente americanos a dejarse llevar por los gritos y el “we will rock you” que suena por megafonía sabiendo positivamente que están siendo sometidos al embriagador y falso prostíbulo de la publicidad. Otros llegan a creer que ese es el destino de la modernidad. Existen aquellos que se han pasado el té de hierbas, se sientan en el suelo, escuchan mientras cierran los ojos el sonido de un gong, meditan y tienen erecciones con hentai. Un porcentaje de la población admira el enraizado culto a la historia, el arte y las costumbres de la europa más ancestral mientras se castigan por no haber hecho un viaje con mochila y en interrail para terminar borracho , después haber hablado sobre las bases de la democracia, en la cama de una checoslovaca. En definitiva, ya no hay un concepto, un arquetipo o incluso una manera de hacer las cosas que esté moralmente por encima de las demás sólo por el hecho de venir acompañada de una marca de país.

Es como si se hubiera diluido en el ácido del tiempo todo aquello a lo que queríamos parecernos.

Y creo que es bueno, pero desconcertante.

Pd: con tipos de mujeres también se podría explicar (porque la voluptuosa americana neumática ya no está de moda, la asiática casi pueril parece un delito de viajero vicioso, la europea moderna de pelo corto y cigarro entre los labios asusta, la sudamericana con demasiados accesorios que salió de una teleserie parece excesivamente servil y la árabe siempre pienso que tiene bigote), pero últimamente eso me excita demasiado.

 Fuente: http://maldiaparadejardefumar.blogspot.mx

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