Peña Nieto y el odio

Peña Nieto y el odio

Por un día, solo por un día, vamos a decirnos la verdad: las elecciones apestan, ninguno de los candidatos nos convence y si llegamos a votar no será por amor, será por odio.

No nos interesan las propuestas, nos interesan las reclamaciones. No queremos ver debates, queremos que los candidatos se peleen, que se digan hasta de lo que se van a morir, que se destruyan.

¿Por qué? Porque todos son iguales, porque a la hora de los trancazos nadie cumple lo que promete y porque queremos que sufran, que paguen, que fracasen.

Por lo mismo, muchas personas detestan a los punteros, a los que van ganando. Sienten que tienen que detenerlos, que no se vale que les vaya bien cuando a tanta gente le va tan mal, que es injusto.

Acuérdese de lo que pasó en el 2000. Los mexicanos no votaron por Vicente Fox, votaron para que el PRI no se saliera con la suya.

Y en 2006, igual. Millones de electores no votaron por Felipe Calderón, votaron para que Andrés Manuel López Obrador no llegara a Los Pinos.

Él iba ganando, pero había que darle una lección de humildad.

Hoy, como siempre, el enemigo a vencer es el que va arriba en las encuestas: Enrique Peña Nieto.

Hay que gritarle, pegarle, empujarlo, sacarlo de sus casillas, hacer que se equivoque, pulverizarlo. Como en la Ibero, como en las entrevistas, como en el evento del IFE.

Es algo así como un modelo electoral que se repite cada seis años. Lo mismo le pasaría a Josefina, a Andrés Manuel o a Gabriel si estuvieran ganando. Aquí, si te llevas el premio, no te puedes ir tan contento.

Si a Felipe Calderón durante años le gritaron espurio y lo trataron con la punta del pie, al próximo presidente de México no le puede ir mejor. Sea quien sea, que se prepare.

¿Por qué va ganando el PRI en las encuestas? Porque el PRI fue el único partido que se preocupó por construir un personaje presidenciable en los últimos seis años.

Los demás partidos se la pasaron o tratando de justificar la victoria de Felipe Calderón o peleándose entre ellos. Nadie vio a futuro, solo el PRI.

Además, alguien tiene que pagar por los errores del sistema y si el sistema es Felipe Calderón, hay que pegarle por donde más le duela, y ante la ausencia de nuevos personajes, la opción más cercana es el PRI.

Sí, yo, como miles de personas, oigo hablar del PRI e inmediatamente pienso en corrupción, en inflación y en un montón de cosas monstruosas, pero de ese tamaño es nuestra decepción.

¿Para qué queremos estabilidad económica si nos están matando a balazos? ¿De qué nos sirve todo lo que nos ha dado “el presidente del empleo” si vivimos en una mezcla de terror y desesperanza?

Josefina Vázquez Mota no es una mala candidata, pero ella, por ser panista, es una prolongación de Felipe Calderón.

Votar por la señora sería votar por otros seis años de miedo, por más muertos, por más sangre, por más impunidad. Josefina jamás nos ha vendido lo contrario, jamás nos ha convencido de otra cosa. Está obsesionada con Paulette.

¿Y si los votos se los llevara López Obrador? Sería lo más sensato considerando que ni el PAN ni el PRI han resuelto las necesidades de millones de hombres y mujeres en los últimos sexenios.

Pero Andrés Manuel no vive en el presente, vive en el pasado. Él sigue instalado en Carlos Salinas de Gortari, en la mafia que nos gobierna y en una larga lista de rencores añejos.

Por tanto, su cambio verdadero no es un cambio verdadero, es volver a 2006, es un retroceso.

¿A usted le interesa retroceder? A mí, no. Francamente me tienen sin cuidado tanto Salinas de Gortari como los integrantes de esa mafia tan cacareada por El Peje.

Yo, como muchas personas, quiero un López Obrador que vaya contra este sexenio, un candidato cuyo triunfo represente el peor de los castigos para Felipe Calderón, un líder que le quite el primer lugar al que va ganando.

Pero no lo veo y, para efectos prácticos, tan mafiosos unos como los otros. ¿A poco no?

Ni hablemos de Gabriel Quadri. ¿Para qué?

En esta contienda electoral todos tienen cola que les pisen. ¡Todos! Y nadie cumple sus promesas. ¡Nadie!

Por eso, las elecciones apestan, ninguno de los candidatos nos convence, y si llegamos a votar no será por amor, será por odio.

¿Quién va a ganar? El político que mejor aprenda a utilizar todo ese odio a su favor. ¿Pero quién? ¿Quién?

Alvaro Cueva/mileniodiario

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