¿Quién ganó el debate ?

¿Quién ganó el debate ?

He visto el debate presidencial. Ahora pienso en las preocupaciones que un ciudadano cualquiera debería tener: este México con 50 millones de pobres y desilusionado, cansado, defraudado; este país con 60 mil muertos a causa de una guerra sin sentido y haciendo más ricos a los de por sí ricos, y haciendo más poderosos a los monopolios de por sí todopoderosos. Escuché apenas propuestas en el debate. Y vi o leí, tanto en Twitter como en Facebook, en blogs o en los comentarios de los sitios de información (incluyendo Sin Embargo MX) una guerra para ver quién es más ingenioso; para ver quién hace la frase más redonda o la crítica más ácida; o quién encuentra el detalle más estúpido para atacar a cualquiera de los ponentes de esta noche de domingo: Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, Enrique Peña Nieto o Gabriel Quadri. No sé usted, pero yo, en este momento, me siento más cerca que nunca de Javier Sicilia cuando dice: ¿Votar para qué? ¿Para ser parte de este circo y de esta simulación de sistema democrático? Me sentí más cerca de él cuando dice que los partidos deberían mostrar humildad, todos, y sentarse y firmar un compromiso para atacar de una vez por todas los problemas de fondo, los que realmente significan un cambio. Podría decir que el debate lo ganaron los poderes fácticos, esos a los que ni el Estado mexicano –sobre todo este gobierno federal– ya no puede controlar. Que lo ganaron las televisoras, el PRI, los empresarios y políticos que no quieren que llegue un cambio sino seis años más de populismo y esperanzas que, sabemos, son inalcanzables sin una verdadera revolución pacifista. Podría decir que el debate lo ganó la tiricia “a la mexicana”: esa inacción que precede al estado de shock –como el triunfo arrollador de Ernesto Zedillo en 1994–: mejor irnos con los que roban poquito; mejor futbol que ideas; mejor uno que no quiere cambiar las cosas de fondo; mejor el más bonito; mejor el que viste mejor: mejor no le muevo, aunque en el fondo, le estamos moviendo a todo… para mal. He visto el debate presidencial y me pregunto: ¿Quién ganó, realmente? Yo no. Quizás fue el formato; quizás fue esa estúpida cámara fija y las interrupciones; quizás fueron los ataques y la falta de propuestas y saber que el único que podía presumir que era ciudadano es Gabriel Quadri, un gato de Elba Esther Gordillo, uno de los grandes cánceres de México. ¿Quién se suponía que ganara con este debate? Porque he dicho que no votar beneficia –y así lo es– al PRI y a los sindicatos corruptos y deja en manos del voto corporativo la elección, iré a votar. Pero no será por este debate pobre, sin contraste de propuestas, sin elementos suficientes para que yo o cualquier ciudadano tome una decisión, que yo salga a votar. ¿Quién ganó este debate? No sé. Quizás los mejores spots, los más ingeniosos, los mejores en redes sociales, los que gritaron más o se vieron mejor respondiendo o respingando. Alguien habrá ganado, seguramente, y no fui yo. Algo realmente no funciona en nuestra democracia. Y es una lástima, porque lo que sí funciona son los que más deberían estar acotados: los Wal-Mart, los líderes corruptos, los políticos sin escrúpulos y las televisoras. Votaré porque ya dije que es necesario. Pero iré a las urnas arrastrando los pies.

Alejandro Paez Varela

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