UN DÍA CUALQUIERA

UN DÍA CUALQUIERA

Suena el despertador. Son las seis de la mañana.

Instintivamente enciendo el transistor. No soy persona si no me abraza el sonido monocorde de una voz cualquiera.

Política, puta política. No atiendo.

Me muevo torpemente como un ciego, preso de una duermevela controlada.

Hago café y observo a través de la ventana. Llovizna.

Hace frío.

Y viento.

Definitivamente no quiero ir a trabajar pero la pereza me recuerda que es lunes.

O quizá martes.

Todavía.

Mojo una magdalena. Enciendo el primer cigarrillo. Mezclo el humo con un bocado desganado, mecánico.

Desayuno de pie, nunca me interesaron las magdalenas. Una mera excusa para fumar con el estómago lleno.

Observo las ventanas del edificio de enfrente. Otros como yo aspiran el mismo humo y mastican las mismas magdalenas mientras deciden qué hacer.

No tengo opción. Me sumerjo en la ducha y dejo que el agua resbale hasta desbordarse entre los diques carnosos que forman los dedos de los pies. Permanecería así durante horas. Quieto y empapado. Frágil y expuesto.

Contemplo mi desnudez ajeno a mí mismo, como si la imagen que me devuelve el espejo perteneciera a otra persona. Finalmente decido que soy yo.

Cuando termino de vestirme asumo que no hay vuelta atrás. El mundo me espera allí fuera y ha decidido que soy de su exclusiva propiedad.

Siento un vértigo infinito cuando mis últimos pensamientos se confunden con el eco redundante del portazo.

Mañana será otro día.

El mismo día.

Fuente: http://kaixo.lacoctelera.net

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