Europa, “ese supermercado”

 

No hay nada que aliente el optimismo en el camino hacia el desastre que la troika de la Unión Europea, su Banco Central y el FMI sigue imponiendo a las economías más frágiles de la eurozona, cuando la sensación es la de una crisis sin salida y el temor a que sí haya una luz al final del túnel pero que ésta sea… la de un tren.

Desde julio, el secretario del Tesoro de EU Thimothy Geithner advirtió que la eurozona se dirigía como “sonámbula” hacia “un desastre de proporciones incalculables”, y esta semana todavía la jefa del FMI, Christine Lagarde, insistió en al menos dos ocasiones en que había que modular la intensidad de los ajustes para evitar el crack, aun cuando el Fondo sigue privilegiando las cifras macroeconómicas para intentar revertir la recesión, pese a sus fatídicas políticas hace tres décadas en América Latina.

Al respecto, el veterano cineasta Costa Gavras aprovechó ayer la tribuna del Festival Internacional de Cine de San Sebastián para arremeter contra los políticos que construyen una “Europa como si construyeran un supermercado”, al presentar su filme Le capital, el retraro de un banquero de las altas finanzas cuya única obsesión es ganar más y más dinero con el único fin de tenerlo –como el hombre de negocios de El Principito, que compraba compulsivamente estrellas, exactamente 501,622,731.00 para “hacer con ellas nada, solo poseerlas”.

“Los políticos han aceptado crear Europa como se crea un supermercado, es decir, sobre la economía, sin pensar en la política y en lo social, cuando deberían empezar por la política”, dijo Costa Gavras a la prensa, que alabó su cinta como una “dura crítica a los tiburones de las finanzas”. “Los bancos son necesarios (…), el dinero también es necesario, pero ha habido una especie de degeneración y ahora trabajan con el dinero para hacer dinero, no para hacer cosas”, insistió el director de Z, galardonado con un Oscar por Desaparecido.

“Ahora tienen que rectificar, les toca a ellos encontrar soluciones”, añadió el cineasta, inclinado como muchos otros a que la banca internacional, no solo la europea, acepte someterse finalmente a una “gran regulación mundial”.

Irene Selser/mileniodiario

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