Microcuento

Total, que llegué a casa. Introduje la llave en la puerta de mi piso despacio, procurando no hacer ruido. Y llegué a la alcoba donde estaba ella.

Dormía profundamente. Y estaba más bella que nunca. Un mechón de cabellos rubios como el oro tapaba la mitad de su rostro. Durante unos minutos estuve contemplándola en silencio. De repente note un inmenso deseo de inclinarme sobre ella y besarla. Y así lo hice, despacio, muy despacio.

Pero se despertó. Y entonces me miro, sonrió y echándome los brazos al cuello, con una voz dulce y suave como un susurro, me dijo: Buenas noches papa.

Jose Luis Coll

Deja un comentario