Puntos de vista

 

Cansado de las burlas de sus hermanitos, el patito feo decidió abandonar la parvada y lanzarse en búsqueda de un nuevo hogar. Tras varias horas de caminata, llegó hasta una casita perdida en medio del bosque. Golpeó la puerta con su pico tembloroso y una niña sonriente respondió al llamado, quién al verlo tan desprotegido, lo tomó fuerte entre sus brazos y corrió contenta a mostrárselo a su madre. –¡Qué bueno! –pensó el patito, feliz por haber encontrado una familia. –¡Qué lindo! –se alegró la niña, entusiasmada con la nueva mascota. –¡Qué rico! –exclamó la mamá, mientras buscaba la receta del pato a la naranja.

Martín Gardella

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