¡Ciencia “vs.” filosofía!

¡Ciencia "vs." filosofía!

Cada cierto tiempo se desatan pequeñas guerras entre la ciencia y la filosofía.

En ocasiones los científicos comienzan. Por ejemplo, cuando el famoso físico Stephen Hawking afirmó en su libro El gran diseño que “la filosofía ha muerto”. Y claro, los filósofos también atacan, declarando que la ciencia es solo un “constructo sociocultural”, sin mayor validez que cualquier método adivinatorio.

Recientemente el diario inglés The Guardian publicó un debate entre el filósofo Julian Baggini y el físico Lawrence Krauss, donde éste afirmaba que no tienen sentido las preguntas filosóficas sobre el “porqué” de las cosas. Sostenía que en realidad son preguntas sobre el “cómo” las que deben ser respondidas utilizando el método científico.

Baggini se preguntaba si Krauss no caía en el vicio del cientificismo: la convicción de que la ciencia es la única fuente legítima de conocimiento, descalificando cualquier otra forma de entender el mundo.

Este debate se extendió a la blogósfera, donde el bioquímico Larry Moran discute con el filósofo Massimo Pigliucci la legitimidad de la ciencia y cuestiona la acusación y el concepto mismo de cientificismo, al que considera una simple etiqueta denigrante.

Larry Moran ataca también la noción de naturalismo metodológico que defiende Pigliucci: la idea de que la ciencia se limita, necesariamente, a estudiar solo el mundo natural, dejando fuera de su ámbito lo sobrenatural. Se trata, dice, de un truco sucio para limitar a la disciplina científica y evitar que cuestione a la religión… y la filosofía.

Wilkins, por su parte, explica que el naturalismo metodológico no es una limitación de la ciencia, sino su esencia misma: no se puede estudiar científicamente algo que no sea observable y no presente regularidades.

La discusión, por supuesto, es absurda. Ambos bandos están a favor del estudio racional del mundo. Pero caen en malentendidos (como cuando Moran confunde la crítica al cientificismo con una defensa de la seudociencia). Y al sentirse atacados, caen en el peligroso juego de competir a ver quién es mejor.

No hay duda: hasta las mentes más cultivadas pueden caer en debates absurdos. Pero incluso entonces, escucharlas suele ser muy interesante.

Martín Bonfil Olivera

lacienciaporgusto.blogspot.com

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