Cortar cabezas

Cortar cabezas

¿Recuerdas el hallazgo de cráneos en Templo Mayor? La historia regresa para preguntarnos quiénes somos y por qué hoy se descabeza en el mundo del narco. Imposible no ver similitudes, con matices. ¿O no?

—Dice Maggie Díaz del Castillo que en algunas culturas chamánicas, no solo de México, creen que puede trascenderse a la muerte y conservar el cuerpo para la siguiente etapa: descabezar alguien impediría gozar ese privilegio. Es un doble ultraje.

—¡Qué fuerte!

—Imagínate las cabezas de los Insurgentes en la Alhóndiga de Granaditas. Acuérdate: Hidalgo, Allende, Aldama y Mariano Jiménez…La lucha independentista fue terrible para los héroes de la patria. Hoy…

—Hoy no hay esos héroes. Dice Alejandro Vizcarra que los cráneos en el tzompantli son la materialización y expresión de un poder estatal y religioso que se asume legítimo. En el caso de los decapitados actuales, no corresponden a un esfuerzo por legitimar una visión del mundo: son terreno mercantil. Nadie puede con ellos.

—No creo que los narcos sean tan cultos ni refinados para conocer la historia de la barbarie, y menos, para interpretar sacrificios. Matan por negocio y poder territorial. Al menos no saben lo que Miriam Aymamí. La práctica del sacrificio humano, desde la antigüedad, en todo el planeta. Hay canibalismo que se remonta al neolítico y a la edad de bronce. Sacrificios que continúan hasta las civilizaciones griega y romana, pasando por África y Asia o los faraones egipcios que solían inmolar prisioneros de guerra. La violencia ritual ha sido registrada en la India, China y Japón. El continente americano no fue la excepción, incluidos los nativos del suroeste de Estados Unidos.

—No es una cuestión nacional atávica cortar cabezas. Sí una constante en el mundo del narcotráfico de hoy, que introdujeron militares y exmilitares guatemaltecos en los 80 (los kaibiles).

—Humillar a los vencidos sí que es común en las culturas. Atrás quedan aquellos sacrificios humanos que ofrecían nuestros antepasados a los dioses para calmar a la naturaleza.

—Si fuera así en el mundo del narcotráfico, ya viviríamos en paz. El corazón (“su flor interior”) en manos de los dioses—nos explica Alfonso Franco Tiscareño—, para mantener la vida del universo.

Un sueño imposible.

Braulio Peralta/mileniodiario

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