El hada

El hada He tenido un sueño maravilloso. Se aparecía en mi celda una bellísima señora, un hada o algo parecido, y me preguntaba qué deseaba más en esta vida. Yo le respondía que poseerla. Me golpeó suavemente con su varita —me imagino que “mágica”, como se estila en estos casos— diciéndome: “Concedido”. Me despertó la habitual visita de control del funcionario de prisiones. “¿Y eso, qué hace eso ahí?”, me preguntó, inquisitivo, dirigiendo su mirada hacia el catre. No supe qué decirle. Parecía, era, una prenda interior femenina. Quedé atónito, estupefacto. Recogió la prenda y se la llevó. Minutos más tarde apareció el director, indignado. “¿Quién ha estado aquí esta noche?”. Le conté la verdad.

Alonso Ibarrola

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